Uruguay, el Uruguay del Loco Bielsa, jugó a la sombra de Inglaterra en Wembley en casi todo el partido. Perdía por 1 a 0, un tanto convertido a diez minutos del cierre, porque se sostuvo en buena parte del desarrollo con convicción defensiva. El gigante local, dueño y señor del espectáculo, no tiene pimienta en el área rival. Sin embargo, ganaba. Lo que no es poco, en una acción confirmada por el VAR.
Hasta que la misma tecnología descubrió (con acierto), un penal, una infracción de Ben White (el autor del 1-0) sobre Federico Viñas. Penal. En tiempo de descuento, en la Catedral del fútbol, la pelota hierve. Por eso, la tomó Federico Valverde, el crack de Real Madrid, que pidió calma. Tranquilidad. “Le pego yo”, pareció decir. El volante, símbolo de una era, le pegó con la clase de los cracks, contra un palo, imposible para James Trafford. El volante pidió silencio (el dedo índice sobre la boca), con una sonrisa, arropado por todos sus compañeros. Uruguay vive, Bielsa respira. El mejor final.
“Nosotros creamos poco peligro e Inglaterra no creó más que nosotros. La diferencia es que ellos tuvieron muchas más pelotas para intentar atacar y nosotros tuvimos menos”, señaló Bielsa, al final del partido.
“El equipo físicamente hizo un esfuerzo muy grande. El hecho de que no se haya desnivelado el marcador tuvo que ver con un gran esfuerzo físico para recuperar la pelota”, dijo.
“Después del gol de ellos, también obligados por la necesidad de empatar, tuvimos un cierto predominio, que se extendió después del 1 a 1”, resumió Bielsa.
El DT sabía que el encuentro en Wembley era una buena ocasión para sacarse la espina de la goleada sufrida el 18 de noviembre en Florida. Un 1-5 aplastante por los Estados Unidos. Y el empate lo ayuda, lo protege. Valió la pena.
Aficionados de Leeds United, club en el que Bielsa estuvo entre 2018 y 2022, acudieron a Wembley con pancartas de apoyo al entrenador argentino, que dejó un lindo recuerdo en el club inglés.
Uruguay, que debutará en la copa el 15 de junio ante Arabia Saudita, se tomó una pequeña revancha en el templo del fútbol.
La formación del Loco fue con Muslera; Varela, Araujo, Olivera y Piquerez; Valverde, Ugarte y Arrascaeta; Canobbio, Araujo y Aguirre. El conjunto inglés, conducido por Thomas Tuchel, formó con Trafford; Livramento, Tomori, Maguire y Spence; Garner t Henderson; Madueke, Foden y Rashford; Solanke, solo en las alturas.
En los primeros minutos, Inglaterra salió con todo. Atacaba por las bandas, con chispa, con sorpresa, aunque sin conseguir encontrarse cara a cara con el arquero de Estudiantes, de 39 años y de regreso a la selección oriental.
A los 11 minutos, ocurrió un momento de máxima tensión: Piquerez, con dolor en el tobillo derecho, se arrojó sobre el césped. Los médicos hicieron todo lo que pudieron para que el defensor de Palmeiras siguiera, durante largos minutos. No hubo caso. El lateral izquierdo salió muy angusitado, en una camilla. Fue reemplazado por Josema Giménez.
El lateral izquierdo fue a tapar un centro de Madueke, pero el atacante inglés cayó sobre su tobillo derecho y tuvo que dejar la cancha. ¿Se puede perder el Mundial? Las primeras informaciones no fueron alentadoras.
El espectáculo siguió con el dominio casi exclusivo del gigante local, mientras que el conjunto sudamericano, expectante y de contraataque, hacía lo que podía.
En el cierre de la primera mitad, Uruguay se animó un poco más. Tomó nota de que Inglaterra puede llegar a arrinconarlo, pero sin prepotencia ofensiva y, al mismo timepo, recuperó el viejo espítitu del Loco. Un zurdazo de Agustin Canobbio casi abre el marcador.
Bajó la intensidad en el tramo final: Inglaterra atacó con menos entusiasmo, se fue desinflando, mientras que Uruguay se sientió más entero, más seguro.
No había goles, no había emociones. Entonces, empezaron las modificaciones. En Inglaterra, Calvert-Lewin por Solanke, Palmer por Foden, Wharton por Henderson y Bowen por Madueke fueron las primeras. En Uruguay, Pellistri por Araújo y Viñas por Aguirre.
El caso del cambio de Foden llamó la atención: Ronald Araujo fue con alma y vida a una pelota y casi lesiona al crack de Manchester City. Una situación que provocó el enojo de Tuchel sobre Bielsa.
Hasta que a la salida de un córner, en una acción discutida porque Josema Giménez reclamó infracción, Ben White tocó el balón lejos de Muslera. Y estaba bien: Inglaterra fue más incisivo.
Faltaban apenas diez minutos. Entonces, con poco, más más vergüenza deportiva que fútbol, la Celeste buscó el empate con adrenalina.
En el final y con la ayuda del VAR, hubo penal para Uruguay. De Ben White sobre Federico Viñas. Y Fede Valverde, en el final del partido, le pegó con clase, contra un palo. Lo gritó con alegría, con emoción… y con el dedo sobre su boca, con un gesto inequívoco: silencio. Wembley quedó en silencio, con un Uruguay que rescató un empate inesperado, que vale mucho más que un punto simbólico. En el final, Valverde tuvo el 2-1, salvado por Harry Maguire, que se arrojó con todo sobre el campo de juego.
Bielsa está más vivo que nunca. Uruguay lo respalda hasta el último minuto.



