Es el último partido de la selección en la Argentina antes de un Mundial en el que parte como candidata. Aunque hay otros nombres que sostienen la ilusión, es Lionel Messi quien se lleva las miradas. Cada vez que la toca, el estadio se levanta: aplaude, vibra, se enciende. Para muchos, es la oportunidad de ver en vivo a su ídolo, que desafía el paso del tiempo, convive con futbolistas de otra edad y otra vigencia, y aun así sigue marcando la diferencia. La escena transcurre el 9 de octubre de 2005, en su debut con la mayor en el país, y se repite 21 años después, como muestra de un vínculo que se mantiene intacto. Es, también, la primera despedida ante un público que pasó de la duda a la devoción y que ahora le pide, de todas las formas posibles, que juegue un Mundial más. Entonces, Lionel Messi alza los brazos, agradece y se emociona.
Como aquella noche en el Monumental, cuando fue figura en la victoria 2 a 0 sobre Perú por la penúltima fecha de las eliminatorias rumbo a Alemania 2006, con José Pekerman como entrenador, el 10 fue, otra vez, el principal foco de atención en la Bombonera, que se vistió de celeste y blanco para hacerlo sentir como en casa: detrás del arco, donde suele ubicarse el grueso de la hinchada de Boca, se desplegó un telón con su imagen y otra en “homenaje al mejor jugador del siglo”, un gesto mínimo en un encuentro de poco vuelo futbolístico, que sirvió, sobre todo, para empezar a tomar temperatura mundialista y reconocer y agradecer al 10.
Aunque su última gran función en el país será el próximo martes, cuando el equipo de Lionel Scaloni enfrente a Zambia, antes de viajar a los Estados Unidos, el capitán vivió el partido de un modo especial, consciente de que el final de una etapa está cerca, pero que aún le queda el capítulo más deseado.
En un estadio con claros visibles -las entradas oscilaron entre los $90.000, la general, y los $490.000, la preferencial-, Messi recibió el cariño del público desde el instante en que pisó el césped para la entrada en calor y lo acompañó hasta su salida del campo. En la Bombonera hubo goles, música, fuegos artificiales, y hasta banderas históricas de Boca reversionadas con los colores de la selección, con el mismo tamaño y tipografía, pero faltó el marco que merecía el capitán. Si bien la AFA había colgado el cartel de sold out en las boleterías del Ducó, las plateas superiores lucieron apenas al 60%.
Rodeado de sus compañeros de siempre, Paredes y Rodrigo de Paul, Messi recibió una gran bienvenida cuando se dirigió al banco y al ser anunciado por la voz del estadio. En el aplausómetro, el ídolo se llevó el mayor reconocimiento, seguido por Scaloni y apenas por delante de Emiliano Martínez, Cristian Romero y el propio Paredes. Otro momento cargado de emoción se dio cuando los futbolistas posaron para la foto con un cartel en apoyo a Juan Foyth, que se perderá el Mundial por una rotura del tendón de Aquiles izquierdo, y con una remera en solidaridad con Joaquín Panichelli -con su nombre y el hashtag #TodosJuntos-, el delantero surgido en River que iba a formar parte del amistoso y que, en la práctica del jueves, sufrió una grave lesión de rodilla que también lo dejará fuera del torneo.
En su octavo partido en la Bombonera -también participó del evento de la Fundación Pupi, en 2005, y del partido despedida de Juan Román Riquelme, en 2023-, Messi entró a jugar como “falso nueve”, la función de sus mejores años en Barcelona-, en lugar de Julián Álvarez. Con banda sonora personalizada –“que de la mano de Leo Messi…”, se cantó durante gran parte del segundo tiempo-, tuvo la más clara con un remate desde fuera del área que se desvió en un defensor y salió cerca del ángulo.
Algo incómodo en una posición que no ocupaba desde hacía tiempo, el astro de Inter Miami entró poco en juego, aunque mantuvo la lucidez de siempre para encontrar espacios, filtrar pases y animarse a gambetear en el área. Luego, con la entrada de José López, volvió a su rol natural, el que probablemente se vea en el Mundial: más retrasado y libre, intentando armar juego. El contexto tampoco lo ayudó: un partido desvirtuado por los cambios y la lluvia, ante un rival inferior y con la premisa de preservar el físico a pocas semanas del inicio de la Copa del Mundo.
Sin lucir como otras veces, Messi fue el personaje más buscado de la noche: por los hinchas, que corearon incesantemente su nombre; por los fotógrafos, que lo siguieron en cada intervención; por sus compañeros, que lo buscaron para que pudiera convertir, y por los rivales, que hicieron fila para pedirle la camiseta.
En el final, el 10 esquivó los micrófonos y se retiró rápidamente hacia los vestuarios, con cierto fastidio, incómodo por el nivel del equipo y por no haber podido convertir, aunque antes de meterse en el túnel saludó a los hinchas y se permitió una última sonrisa.
A 81 días del debut ante Argelia, Messi se mostró enfocado en lo que viene, aunque todavía no puso en palabras el deseo de todos: jugar su sexto Mundial en busca del bicampeonato.



