Francia redescubrió la religión con la visita del Papa León XIV. Un Santo Padre que habla francés y con su sonrisa y su persuasión de misionero está encantando a una república laica, que va quedando paulatinamente sin católicos. Una nueva espiritualidad y un mensaje de esperanza, en un país en tensión social, dividido, con elecciones donde la ultraderecha lidera los sondeos y con una laicidad que molesta al Vaticano porque cree que discrimina a los creyentes. La mayoría de los políticos franceses son masones.
Un millón de personas desafían la lluvia en la Plaza de la Concorde, donde el Papa dio su misa multitudinaria. No son solo hay cristianos sino de todas las religiones, frente a un pontífice que llama a todos a orar por la paz, por el fin de la guerra, por la vida en armonía.
Una Plaza de la Concorde simbólica
Una Concorde simbólica de una república con una historia revolucionaria: es la plaza parisina donde la reina María Antonieta y el rey Luis XVI fueron decapitados durante la Revolución.
Los fieles cantan: “Jesús, Jesús”. O “León, León”. Agitan las banders blancas y amarillas de la Santa Sede.
Hay un ambiente de picnic. La gente llegó temprano con sillas plegables, taburetes y canastas con comida. Llegaron en familias o en grupos de jóvenes.
Un grupo de adolescentes canta y agita banderas amarillas y blancas. Miles como ellos se han congregado en París para asistir a la multitudinaria misa.
Eleonora, de doce años, viajó desde Chatou, en la región de Yvelines, para la ocasión. «Todos compartimos el mismo deseo de ver al Papa. Es una oportunidad única en la vida. No se ve al Papa en persona todos los días. Es realmente increíble», comentó.
La espera fue larga, con la amenaza de lluvia. El papa habló desde en una capilla efímera, preparada para la lluvia. Pero hay pantallas enormes a lo largo de la plaza y los Campos Eliseos para escuchar sus palabras.
El Papa asombrado por la iniciación cristiana
Organizado en visitas cortas, tempraneras y prolíficas, el Papa visitó un lugar para discapacitados y refugiados y luego habló ante católicos.
En su discurso en el Instituto Católico de París, el Papa elogió la labor de quienes acogen a catecúmenos y neófitos, tras expresar su gratitud.
«Me asombra la cantidad de adultos que solicitan el sacramento de la iniciación cristiana», declaró León XIV en francés, haciendo hincapié en «el contexto de una sociedad francesa marcada por una cultura fuertemente secularizada«, dijo el Papa improvisando en francés.
Antes de la misa, el Papa fue a la Nunciatura, donde reside, para almorzar. Aunque el presidente Macron lo considera una visita de estado, para León XIV es una “visita apostólica” a sus fieles a la ciudad que el Papa Francisco no quiso visitar.
Una visita misionera
Para algunos, la visita del Papa León XIII a Francia es un signo de renovación espiritual en una nación que había perdido la fe y el rumbo. Para otros, es una «gigantesca farsa» para encubrir la incapacidad de la Iglesia Católica para afrontar el problema de los abusos sexuales.
El viaje de cuatro días del Papa se considera un momento crucial en un país que durante mucho tiempo se ha dicho que es «la hija mayor de la Iglesia«. Pero que está gobernado por un Estado oficialmente laico desde hace más de un siglo.
El Papa peruano americano no está haciendo otra cosa que una gran visita pastoral y misionera en la laica Francia.
Los funcionarios católicos esperan un triunfo durante las visitas del Papa a París, Lourdes -la ciudad pirenaica donde una joven campesina afirmó haber visto a la Virgen María en 1858– y Metz, la ciudad oriental situada en Alsacia-Lorena que fue anexionada por los nazis. Sin embargo, los analistas señalan que el pontífice tendrá que sortear controversias, disputas y tensiones.
Un millón de personas
Al menos 600.000 personas se registraron para asistir a misa, aunque otros 400.000 llegaron espontáneamente, en medio de estrictas medidas de seguridad. Francia continúa en “Alerta Atentado” y la seguridad es estricta y fuerte.
Más de 80.000 jóvenes se inscribieron anoche para una vigilia de oración en el Stade de France. Fue un éxito absoluto.
«¡Sois los santos de Francia!»:les dijo el Papa. En Saint-Denis, León XIV exhorta a los jóvenes católicos a la lucha de la fe.
Un estadio deportivo, corazón de grandes finales y del primer atentado terrorista yihadista en París, transformado en un lugar santo, con una virgen blanca en el campo de juego. Los políticos miran asombrados a un pontífice, que consigue en 24 horas lo que ellos no logran con su prédica.
Miles de jóvenes católicos militantes
El primer mito son las iglesias católicas vacías. Los sacerdotes, en cada canal de televisión, aseguran que sus parroquias están “blindadas de jóvenes” en las misas de las tardes del domingo.
Esto explica estos miles de jóvenes de voluntarios, que están distribuidos en los Campos Elíseos, y en la plaza de la Concorde ayudando. Prefieren la militancia por la fe a la militancia política.
En la misa se alinean Marine Le Pen, la ultraderechista que encabeza los sondeos presidenciales, su candidato a premier Joseph Bardella, el primer ministro y candidato Gabril Atal, el xenófobo Eric Zemmour y el conservador Republicano Bruno Retailleau.
El presidente Emmanuel Macron no irá a la ninguna de las misas en Francia. Estaría representado por el primer ministro Sebastián Lecornú y por la primera dama, Brigitte Macron.
Los hoteleros están encantados. Sus establecimientos están completamente reservados, a pesar de que cobran un promedio de 288 euros por habitación este fin de semana, en comparación con los 191 euros del mismo período del año pasado.
No solo hay parisinos. La Francia profunda está en París. Han llegado extranjeros de todos los países a escuchar a este norteamericano políglota, calmo, persuasivo, que se opone al extremismo de Donald Trump y lo desafía públicamente y quiere conseguir el fin de la guerra en Ucrania, en Sudán y en Gaza.
Stéphane Bern, exasesor de patrimonio de Macron, quien comenta la visita para France Television, la cadena pública, declaró: «El Papa está teniendo casi tanto éxito como Céline Dion«, cuyos 16 conciertos de regreso fuera de París se espera que atraigan a 800.000 personas en septiembre y octubre.
Aunque las autoridades afirmaron no tener información específica sobre una amenaza terrorista, se desplegarán 15.000 policías y soldados para proteger al Papa en París, 3.000 en Lourdes y 3.400 en Metz. Se informó que el Ministerio del Interior temía un ataque islamista contra el Papa.
Caída y aumento del catolicismo
Francia fue uno de los primeros países importantes de Europa occidental en experimentar un declive del catolicismo en el siglo XX. Se registraron 513.501 bautismos en 1980, cifra que descendió a 186.185 en 2024.
El Vaticano inicialmente consideró el caso francés como un caso aislado. Pero surgieron tendencias similares en otros lugares. Los tradicionalistas afirmaban que el resultado en Francia había sido una decadencia cultural y una caída desenfrenada en el hedonismo. Sin embargo, hay indicios de un resurgimiento, ya que se espera que más de 21.000 adultos sean bautizados este año, en comparación con los 8.416 de 2023.
León XIII, de 71 años, probablemente interpretará estas cifras como un presagio de mejores tiempos para el catolicismo en Europa.
Antonio Separado, subsecretario de Cultura y Educación del Vaticano, señaló que en Semana Santa se registraron más de 13.000 bautizos de adultos en Francia, más del triple que hace una década. «Junto a la Francia secular, existe otra Francia, una que no aparece en las encuestas sobre asistencia a la iglesia», escribió Spadaro en el sitio web Global Catholic.
La Iglesia y las víctimas sexuales
El Papa se reunirá con siete víctimas de violencia sexual cometida por sacerdotes u otros representantes de la Iglesia Católica durante su viaje a Lourdes. Sus partidarios afirmaron que el encuentro subraya su determinación de afrontar las «heridas» causadas por los abusos clericales.
Sin embargo, los críticos señalaron que las siete personas fueron elegidas a dedo para evitar la incomodidad de un enfrentamiento con las asociaciones de víctimas.
Philippe Legallais, representante de una asociación de unas 300 personas que sufrieron abusos en escuelas católicas, denunció el evento como una «gigantesca farsa».


