Polarizar es, probablemente, la estrategia por excelencia en la política actual. Durante la noche del miércoles, después de que Racing se clasificara a los cuartos de final de la Copa Argentina gracias a un buen triunfo por 1-0 ante Belgrano, Diego Milito quedó en el centro de la escena otra vez. El presidente de la Academia, quien había sido insultado -junto con su comisión directiva- en los últimos dos partidos disputados en Avellaneda, protagonizó un polémico video que se viralizó. En el mismo, mientras daba una encendida arenga en privado antes de partir rumbo al estadio, en San Luis, fue registrado por uno de los asistentes, quien filtró el material que tuvo repercusiones (e interpretaciones) múltiples.
“Eso se acabó, por eso nos tiran. ¡Por eso me matan! Por eso ponen la plata en los periodistas. ¡Por eso cada vez que Racing pierde un partido se cae la cancha! No es normal, no es normal. Sabemos con quién lidiamos, lo sé desde el día 1, sabía que no era fácil. Porque el cambio es cultural y nosotros vamos a pensar a largo término. En ese largo término vamos a ganar y vamos a perder. Pero tenemos que estar unidos y convencidos de lo que hacemos. Al menos nosotros lo estamos ¡Más que nunca! Y así los quiero a ustedes, porque ustedes son Racing”, aseveró Milito, parado en el centro de una sala ante miembros de su comisión directiva y asambleístas, según pudo confirmar LA NACION sobre quiénes estaban en el lugar de los hechos.
Además, el excapitán dio cuenta de su pretensión como mandamás de la institución en el cierre de ese discurso interno que se hizo público: “Yo no estoy acá por un cargo. La verdad, con todo respeto, me chupa un huevo el cargo. Es un orgullo para mí ser presidente de Racing ¿Pero saben qué es lo más importante? La ambición por la que estoy, que es dejar algo. Un día Milito se va, no pasa nada, no necesito gracias a Dios. Me rompí el culo toda mi vida, no necesito nada, pero quiero dejarle algo al club y por eso me involucré. Y lo voy a lograr. ¡Y lo voy a lograr y los necesito a ustedes! ¡Vamos a ganar esta noche!”.
“Fue una arenga para los propios”, definieron distintas fuentes del club consultadas por LA NACION respecto a la pieza de un minuto y 14 segundos que trascendió al Mundo Racing, ya que también llegó a todo el ámbito futbolero. “Quiero al club unido, yo sé que algunos pueden tener diferencias, pero quiero un club unido y aprovecho este momento para llamar a eso”, había pedido tras la victoria el técnico racinguista, Juan Pablo Vojvoda, minutos antes de la viralización de las vehementes palabras del presidente.
La determinación con la que habló Milito fue diferente a la de sus habituales (y escasas) apariciones públicas, en las que en general apela a un tono más moderado y, también, conciliador. La otra excepción a la regla había sido en mayo, cuando públicamente sostuvo “el fútbol argentino está roto”, al reclamarle a la AFA por el perjudicial arbitraje de Darío Herrera en la eliminación contra Rosario Central, por los cuartos de final del Torneo Apertura.
Una semana antes de este nuevo discurso que recorre las redes sociales, el ídolo había hablado públicamente en la apertura de la asamblea realizada el martes 11 de agosto en el gimnasio de Racing, donde le contó a los presentes que no era “indiferente” a los insultos que recibió. En relación a aquella manifestación de bronca que se oyó por primera vez aquella ante el Matador, Milito le atribuyó responsabilidades a la prensa y también a la oposición.
En la misma alocución en la que citó a su gestión como parte de un “cambio cultural”, paradójicamente tuvo una vieja práctica: responsabilizar a otros. En ese sentido, ante la pregunta de este medio, algunos dirigentes consideraron que “hay ideas que se instalan con el objetivo de dañar a la gestión, como cuando se habla de vaciamiento. Y en Racing no hay ningún vaciamiento, hay una nueva forma de gestionar ordenadamente, lo que molesta a quienes tenían otros intereses”.
Otros integrantes de la vida cotidiana del club, más allá de compartir en parte esa visión sobre los “enemigos” externos, sí reconocieron que “hay una parte de la gente que está disconforme genuinamente y se escuchan y respetan sus reclamos”. Si Milito, el delantero de precisión quirúrgica considera como dirigente que toda crítica se trata de una operación en su contra, habrá definido erróneamente cuál es el origen de las disidencias de una parte de los hinchas.
La mayor parte del reclamo masivo recae sobre lo más evidente, lejos de la rosca política interna o de las consideraciones de una parte de la prensa: Racing tiene un equipo de menor jerarquía que antes. Y, producto de esa pérdida de calidad, con el agravante de errores increíbles en distintos partidos, este año está muy abajo en la tabla anual: marcha vigesimosegundo, con apenas 25 puntos, fuera de la zona de clasificación a los certámenes internacionales. Ganar la Sudamericana, aquello que Milito se había trazado como “el piso” en el estándar promovido durante la campaña, hoy resulta una quimera.
“Esto es un trabajo a largo término. En el largo término vamos a ganar y vamos a perder”, compone una de las frases más salientes, por fuera de las chicanas o las acusaciones. En ese sentido, Milito planteó una “hoja de ruta” que muchas veces manifestó a sus más cercanos pero siempre rehusó a manifestar públicamente, tal como reconstruyó en diversas ocasiones LA NACION.
El presidente, en ese caso, tal vez nunca terminó de dimensionar que su espalda de ídolo podría haber sido un “capital” para contar públicamente que en su horizonte hay obras que considera impostergables y que pueden impactar en lo deportivo. O, tal vez, hubiera sido reconocer que una de los problemas que tuvo el club es que la mayoría de los refuerzos –por distintos motivos- no tuvo el impacto esperado para reemplazar a jugadores importantes que se fueron (en algunos casos disgustados) con la nueva administración.
La frase “salto de calidad”, algo que desde la dirigencia consideran que excede a lo estrictamente futbolístico, probablemente se convirtió en un pase de factura político que llevó a Milito a no querer hablar públicamente de las derrotas como una posibilidad más frecuente. Al presidente, en muchos casos, el Mundo Racing intenta interpretarlo porque ha hecho del silencio público una forma de entender que “es mejor que la gestión hable por sí sola”. Y en esos grises de no comunicar, siente la directiva que los opositores buscan dar en el blanco para esmerilar al ídolo.
Por supuesto que una parte de la oposición estará pendiente de cada paso (en falso) del Milito dirigente, quien en el rol de director deportivo sufrió “fuego amigo” de parte de algunos miembros de la comisión directiva que presidía Víctor Blanco. Sin embargo, aquellos exdirigentes que miraban con recelo al Milito impulsor de una exitosa secretaría técnica no pueden ser presentados ahora como responsables de la crisis futbolística del Racing 2026.
En el autodenominado “cambio cultural”, no obstante, también ocurrieron situaciones más propias de la llamada “vieja política” de la que pretendió separarse Milito en su discurso: este año, por ejemplo, corrieron de palco y estacionamiento a Víctor Blanco, el anterior mandamás. “Se necesitaba el palco para auspiciantes”, fue la versión oficial sobre una decisión que tenía como base el revanchismo de algunos cercanos al presidente actual.
Blanco, uno de los hombres de mayor confianza del presidente de la AFA, Claudio Tapia, contempló cómo parte de la crítica cayó sobre la figura de Milito por un acto que contradecía los discursos previos de querer erradicar luchas internas. “Diego no sabía que estaba siendo grabado, él no quiere disputas, quiere hacer a Racing todavía más grande. Ni piensa en que pone en riesgo su idolatría porque le importa el bien del club”, le dijo taxativamente a LA NACION uno de los directivos que analizó la explosión del video en las redes sociales.
Hasta en las horas felices de un triunfo que era imperioso para lograr paz y tranquilidad de cara al clásico del domingo ante Boca (el domingo a las 21.30, en Avellaneda), Racing tuvo una agitación que partió desde adentro (por torpeza o intencionalidad).




