LA PLATA.- Color, tensión y un puñado de emociones dejó como saldo el clásico platense. Un juego de espejos, en el que Estudiantes se acomodó antes y mejor a cómo escapar de la sombra que intentó oponerle Gimnasia en el Bosque. Un empate 0 a 0 que rápidamente quedará en el olvido, porque estuvo lejos de atrapar. El Pincha salvó el invicto de cinco partidos en el torneo Apertura y sostiene la ventaja en la estadística, la que señala que no cae hace siete encuentros ante el rival de la ciudad; fue el que llevó el control, aunque la soledad de Carrillo en el área y una mala definición del goleador eterno le impidió celebrar. El Lobo, que no sostuvo la solidez que lo llevó a ser protagonista en el tramo final del semestre pasado, exhibió conformismo con la igualdad: con un plantel de menor jerarquía batalló con sus argumentos, pero sin apremiar al oponente.
El clásico cumplirá en octubre 110 años, empezó con Gimnasia como ganador, tras un autogol de Ludovico Pastor, y ahora, después de 192 partidos, descubre a Estudiantes al frente de los registros con 69 triunfos contra 51 del Lobo. Una ciudad que se divide, pero que tiene a sus dos escenarios emblemáticos -el estadio Juan Carmelo Zerrillo y el moderno Uno-separados por un puñado de cuadras, las que se pueden transitar atravesando el Bosque. Un clásico de carnaval, que fue una fiesta popular de los hinchas y una nueva muestra de tensión en el campo. Algunos destellos desataron suspiros: a veces de resignación, por la oportunidad desperdiciada; otras de alivio por la chance en la que el rival no acertó al arco.
El colorido estuvo más en el marco que en el juego. “Y ya lo ve y ya lo ve, el que no salta es un inglés”, el grito de guerra de todo el estadio cuando los futbolistas del Pincha ingresaron para ensayar los movimientos precompetitivos. Unos metros más lejos, los cuatro árbitros -de negro y medias amarillas- con Falcón Pérez como autoridad principal, también se ejercitaban. De cara a la tribuna popular donde domina La 22 o la Banda de Fierro –nombre que responde a Marcelo Amuchástegui, que lideró el para-avalanchas y fue asesinado en Rosario en 1991-, el Lobo se desplegó en tres sectores para que los 23 futbolistas trabajaran: los arqueros, los titulares y los suplentes desarrollaron tareas diferenciadas bajo un clima de nerviosismo. La caída en las semifinales por el torneo Clausura 2025 es una herida abierta, al igual que los siete encuentros sin vencer, desde el 2023.
Lo más destacado de Gimnasia 0 – Estudiantes 0
Inflables blancos en las tribunas cabeceras y azules en la platea, bengalas de humo con los mismos colores, la cabeza de un lobo por donde los jugadores saltan a la cancha desde los vestuarios y una persona con disfraz de lobo con la camiseta N°10 agitando la bandera argentina y arengando a los hinchas, más detalles de los de afuera para contagiar a los de adentro. Para no caer en el desborde, desde la voz del estadio y el pedido para que los que se treparon a los parapetos de las tribunas descendieran ante la posibilidad de que el árbitro decidiera no empezar el encuentro.
Con el público ya fuera de escena, los jugadores tuvieron que tomar la responsabilidad para continuar el espectáculo. Con esquemas tácticos espejados, los dos directores técnicos eligieron un 4-1-4-1, el aplomo de Estudiantes para manejar el balón marcó el pulso. Si las estrategias eran emparejadas, la determinación de atacar por la banda izquierda fue otra similitud: sin Edwin Cetré en la alineación -Athletico Paranaense regresó a negociar por el colombiano, ahora con una oferta de US$ 5,5 millones y desembolsando el 70% en un primer pago-, Fabricio Pérez fue el jugador desequilibrante de Estudiantes.
El sanjuanino, de 20 años, desbordó y atacó a Steimbach, que no descubrió el método para frenarlo; asistió en el final del primer tiempo a Amondarain, que no acertó al arco. Antes, tuvo dos ocasiones para ser la gran figura del clásico, pero Enzo Martínez despejó en la línea y luego le faltó puntería. Fue el desenlace de la acción que empezó Carrillo, que asistió a Medina, aunque Insfrán venció en el duelo ante el volante que podría continuar su carrera en Botafogo. El futbolista desea continuar en Estudiantes y el DT Domínguez hace fuerza para que la negociación no prospere, pero el martillo lo bajarán los inversores encabezados por Foster Gillett que pagaron la rescisión de contrato a Boca, de US$ 15 millones.
El espejo de Pérez en Gimnasia fue Panaro, ausente en la fecha pasada por expulsión. Tuvo a maltraer a Meza y en sus pies el Lobo se animó a ser protagonista. En dos movimientos levantó a los hinchas e hizo revolcar al uruguayo Muslera, que respondió con sobriedad. Si los dos extremos no eran los que generaban riesgo, el clásico tenía que apuntar a los dos únicos delanteros de área que tuvo el partido: Chelo Torres tuvo la llave para abrir el resultado y otra vez Muslera se impuso; Carrillo falló la más fácil para su equipo.
Del “movete Gimnasia, movete” del público del Lobo a la aceptación de Domínguez, que tuvo cinco delanteros en el banco de los suplentes -Farías, Cetré, Gaich, Alario y Aguirre- y recién en la última media hora ejecutó movimientos ofensivos. El clásico de carnaval, un episodio que pasará al olvido.



