La mente y la fortuna son factores no siempre tenidos en cuenta en el análisis de un partido de fútbol, pero que poseen un nivel de incidencia vital, en el resultados final de un partido y hasta en la marcha de un equipo. Pocas veces puede verse con tanta claridad como en el 3-1 con que Independiente recuperó la sonrisa en cancha de Lanús. La psique dijo presente condicionando el choque antes del inicio y durante los 90 minutos; la suerte, porque inclinó la balanza en la primera mitad y, en definitiva, determinó el ganador final.
No siempre ocurre que dos equipos afronten un encuentro en condiciones tan distantes en relación a la confianza en sí mismos como lo hicieron el Granate y el Rojo en La Fortaleza. Si el 3-0 a Talleres en la fecha pasada fue un bálsamo para la autoestima del local, golpeada desde las dos goleadas en contra en las alturas de La Paz y Cusco que significaron el adiós a las competencias continentales; el 0-4 por Copa Argentina ante Atlético Tucumán sumado a dos derrotas anteriores tuvo el efecto de un nocaut para los de Avellaneda.
No solo por haber significado el despido fulminante de Gustavo Quinteros al frente del plantel, sino por abrir las puertas de una transición hacia un destino que hoy aparece disperso. Adivinar cuál es el futuro a corto plazo que imaginan quienes dirigirán el club hasta las elecciones de diciembre es toda una temeridad. Por ahora se han limitado a tapar baches con decisiones apuradas. Una fue la contratación del uruguayo Jadson Viera, un entrenador que nadie tenía en carpeta. Otra fue el fichaje de Franco Calderón para cubrir los agujeros que dejaron las lesiones de Sebastián Valdez y Juan Manuel Fedorco, aunque para que se incorpore al equipo será indispensable la venta de un jugador al exterior.
Con esos antecedentes, la superioridad que impuso Lanús en la circulación de la pelota durante más de media hora semejó ser una consecuencia lógica. La capacidad de achique y llegada de Agustín Cardozo, la distribución atinada de Ramiro Carrera y la peligrosidad latente de Dylan Aquino eran más que la intención de Independiente de afirmarse a través del pase corto para empezar a recobrar la fe perdida.
Lo mejor de Lanús vs. Independiente
Hasta que a los 24, los travesaños pusieron en marcha su enfrentamiento particular. Ramiro Carrera conectó en el medio del área un centro en la segunda jugada después de un córner, Rodrigo Rey desvió a puro reflejo y el palo horizontal lo ayudó para impedir el tanto. Once minutos después, el disparo fue de Aquino, el balón superó la estirada del arquero y chocó contra el mismo obstáculo.
A los 36, el colega del arco de enfrente no quiso ser menos. La larga secuencia se inició con Mateo Pérez Curci poniéndole el pie derecho a un centro de Santiago Montiel, el rebote en el travesaño volvió a caerle al volante del Rojo, Carlos Izquierdoz bloqueó el segundo remate, Facundo Zabala hizo un tercer intento que rechazó Nahuel Losada, insistió Montiel para meterla al medio y Lautaro Millán pudo por fin vencer la resistencia del parante superior: cuarto travesaño y esta vez adentro. 1 a 0.
La ventaja tuvo un efecto inmediato al regreso del descanso. Al minuto, el Rojo presionó arriba como hasta entonces no lo había hecho. Losada se quedó corto en el pase a Felipe Peña Biafore, anticipó Millán y coronó su tarde estelar duplicando el festejo.
El blooper de Losada
El 0-2 no hundió al Granate, sino que lo llamó a la rebelión, y el inmediato descuento de Allan Wlk puso a prueba las respuestas psicológicas de los dos lados. Hasta los 30, cuando las fuerzas físicas empezaron a abandonarlo y la desesperación a invadirlo, el local desató una auténtica avalancha sobre el arco de Independiente. Wlk desperdició una posibilidad clara a los 10; Rey mandó al córner un tiro libre de Matías Sepúlveda a los 29 y le tapó un mano a mano a Yoshan Valois a los 33, como para gritar que tiene aptitudes para seguir siendo el dueño del puesto.
Al mismo tiempo, el Rojo debía demostrarse a sí mismo su capacidad para sufrir y, de paso, hasta dónde el cambio en la conducción del vestuario había servido para descomprimir un ambiente que se había vuelto demasiado espeso. Y cumplió con ambas premisas.
Con Iván Marcone de abanderado, más Kevin Lomónaco y Zabala fortaleciendo el debut como titular del zurdo Juan Miguel Arrayago (17 años), los dirigidos interinamente por Carlos Matheu aguantaron el aluvión como pudieron. Hubo más esfuerzo que orden y más vergüenza deportiva que sapiencia defensiva, pero de a poco fueron apaciguando el ímpetu Granate hasta que, ya en el descuento, Maximiliano Gutiérrez selló el 3-1 para calmar las aguas y regalarle una sonrisa a Viera, que miraba el partido desde un palco.
Con el tiempo cumplido llegó la expulsión de Carrera, de Lanús, que tuvo que ser frenado con un “tackle” por el árbitro Sebastián Martínez, en medio del enojo con Kevin Lomónaco, tendido en el área roja.
La expulsión de Ramiro Carrera
Un partido no hace historia en la irregularidad de nuestro fútbol, pero ni Lanús ni Independiente deberían marcharse insatisfechos. En una tarde donde la psique y la suerte jugaron sus propios partidos, ambos pudieron enseñar que tienen intactas las fuerzas mentales. Para hablar del resultado hay que conversar con los travesaños.




