La FIFA designó al árbitro rumano Istvan Kóvacs, de 41 años, para dirigir el partido del sábado entre la Argentina y Jordania, en Dallas. Estará acompañado por sus compatriotas Mihai Marica y Ferencz Tunyogi como asistentes. El mauritano Dahane Beida y el angoleño Jerson Santos serán cuarto árbitro y árbitro suplente. Más cerca de la fecha del partido se definirá quiénes estarán a cargo del VAR. Será la primera vez que el árbitro rumano dirija a la selección argentina.
Kóvacs, de origen húngaro a través de su padre y alemán por su madre, es internacional desde 2010 e integra el selecto grupo de árbitros de elite de la UEFA desde 2019. Respetado en todo el Viejo Continente, quedó en los libros de Historia el domingo pasado al dirigir el encuentro número 1000 de los mundiales: estuvo al frente de la goleada de Japón a Túnez por 4-0, en Monterrey (México).
Kovacs guarda en su vitrina la camiseta especial que le entregó la FIFA por ese partido. Se trató de una especie de revancha personal, ya que si bien estuvo convocado para el Mundial 2022 de Qatar, sólo se desempeñó como árbitro asistente. Su irrupción en el panorama europeo, con finales de copa incluidas, hizo que lo tuvieran en cuenta para semejante hito. Y fue el italiano Pierluigi Colina, jefe arbitral de la FIFA, quien al designarlo dijo que era “el más confiable” para ese honor.
Luego de dirigir todo en la Superliga rumana, Kóvacs dio el salto a los torneos europeos, donde demostró que, en general, los partidos no se le van de las manos y toma buenas decisiones junto a su cuerpo arbitral. Hizo la escalera completa en las competiciones de la UEFA: en 2022 fue designado para la final de la Conference League entre Roma y Feyenoord, de Países Bajos. Dos años después lo eligieron para el encuentro decisivo de la segunda copa en importancia del Viejo Continente, la Europa League. Y dirigió la final entre Atalanta (Italia) y Bayer Leverkusen (Alemania).
Al año siguiente le llegó la oportunidad de la Champions League. Y Kóvacs fue el árbitro de la recordada goleada de PSG a Inter, de Italia. Aquel 5-0 en el Allianz Arena de Múnich (Alemania) que seguirá pasándose en las escuelas de fútbol como una verdadera lección de fútbol. El árbitro rumano podrá decirles a sus nietos que estuvo ahí, y que se transformó en el primer árbitro en dirigir las finales de las tres copas europeas.
De todas maneras, el último antecedente de Kóvacs en las competencias europeas no es tan feliz. El rumano dirigió en la ida de los cuartos de final de la Champions League entre Barcelona y Atlético de Madrid. Los catalanes protestaron ante la UEFA por dos cuestiones relacionadas con su actuación: por un lado, una mano de Marc Pubill en el área colchonera que ni el árbitro ni sus asistentes vieron (en un saque de arco). Por el otro, la tarjeta roja que le mostró al defensor blaugrana Pau Cubarsí. En primera instancia, la sanción disciplinaria era una amarilla, pero el rumano la cambió por roja luego de una revisión a pie de campo y la intervención del VAR. Por esa actuación, la UEFA lo quitó de las designaciones para las fases decisivas de su principal torneo.
Profesor de educación física, Kóvacs es un fanático de los deportes y del fútbol en particular: “Amo el fútbol. Para mí, ser árbitro es el trabajo más maravilloso del mundo y les recomiendo a los jóvenes abrazar la oportunidad de hacerlo. En toda mi carrera hice muchas conexiones, establecí buenas relaciones con mis colegas y disfruté visitando diferentes países gracias a mi trabajo”, dijo hace un par de años en una entrevista con el sitio oficial de la UEFA.


