La demora de una hora del inicio del partido, por el protocolo de tormenta eléctrica, una espera que México recordará como una de las múltiples anécdotas de una jornada de fiesta. El Tri vapuleó a Ecuador: con el triunfo 2 a 0 sacó pasaje para los octavos de final de la Copa del Mundo, pero también sostuvo su arco invicto en los cuatro partidos y ratificó al estadio Azteca como su fortaleza. Es la tercera vez en la historia que organiza un Mundial y en el gigante de la Ciudad de México, en las citas ecuménicas, nunca perdió: cinco triunfos y dos empates refleja la estadística. Las eliminaciones las sufrió en Toluca, ante Italia, en 1970, y en Monterrey, frente a Alemania, en 1986, en definición por penales.
Otra noche de emociones y con una producción futbolística que alimenta la ilusión. Con individualidades destacadas, pero con movimientos colectivos que descubren la tarea del seleccionador Javier Aguirre. México hizo una preparación a conciencia y rompió el hechizo de 40 años sin vencer en un mata-mata en un Mundial. El domingo, ante el ganador de la llave entre Inglaterra y República Democrática del Congo, pretenderá nutrir las cifras, la estadística. Será la última función en el Azteca, porque desde los cuartos de final todas las series se disputarán en estadios de Estados Unidos.
Para Ecuador, el escenario adverso en el ambiente –abucheos cada vez que manejó la pelota- empezó mucho antes del partido. El seleccionador Beccacece, con contrato hasta el final de la participación en el Mundial 2026 y que habló en la cancha en tono de despedida, observó la posibilidad de un clima negativo en la conferencia de prensa, aunque no imaginó que los hinchas mexicanos se apostarían en los alrededores del hotel que hizo de bunker en la Ciudad de México. El ruido se multiplicó entre las bocinas de los autos, el lanzamiento de pirotecnia y el griterío, con el objetivo de interrumpir durante la madrugada el descanso del plantel. La Federación Ecuatoriana de Fútbol rechazó ese comportamiento y, a través de un comunicado, llamó a las autoridades competentes a adoptar las medidas necesarias para salvaguardar la integridad de los jugadores, cuerpo técnico e hinchas.
Aquel tono de despedida de Beccacece pospartido se terminó por materializar cuando habló con la prensa tras una hora y media en el vestuario con los jugadores: no renovará su contrato como DT de Ecuador. “Los resultados son los que mandan”, dijo, “Hoy toca despedirme de una familia maravillosa. Hemos dado todo (..) Un camino de dos años y medio de no parar de trabajar, entregándonos al máximo, con mucha honestidad y transparencia, y grandes resultados en las Eliminatorias. La vida tiene eso”, lamentó.
El duelo arrastraba también un costado político, una crisis diplomática que empezó en abril de 2024, cuando las fuerzas de seguridad ecuatorianas ingresaron a la Embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, que se encontraba bajo asilo político. El entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador anunció la suspensión inmediata de las relaciones diplomáticas, una orden que se mantuvo con la presidenta Claudia Sheinbaum, que responsabiliza del incidente a su par ecuatoriano Daniel Noboa. El mandatario, como respuesta, alimentó la tensión con aranceles del 27% a productos mexicanos, en línea con las medidas de los Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump.
Un puñado de minutos costó entender si lo que sucedió fuera del Azteca influyó en el desarrollo. México aplastó táctica y futbolísticamente a Ecuador. Dominante, con el control de la pelota y posicionado en el campo rival, sumó movilidad y desmarque para atacar espacios, trazar diagonales, desbordar por las bandas… El juvenil Gilberto Mora, de 17 años, inició de titular y enseñó personalidad para destacar: indetectable para los rivales, protagonizó el primer ataque profundo mexicano y más tarde repitió con un remate que arrancó los aplausos; antes del final del primer tiempo falló en la corrección de una pelota imperfecta de Raúl Jiménez. Una joya con mucho potencial por delante.
Otro volante, Luis Romo lo siguió en la sucesión de avisos y Jiménez martilló de cabeza, pero sin dirección. En seis minutos, el Azteca era un volcán y Ecuador estaba desorientado: no descubría cómo contener el aluvión. Además, cuando intentó por primera vez presionar la salida en campo rival recibió como respuesta una ofensiva directa, de tres pases: Roberto Alvarado se quedó sin puntada final para abrir la cuenta. México marcó el pulso y Ecuador, en un arresto individual de John Yeboa Zamora, a punto estuvo de paralizarlo. El atacante, que nació en Hamburgo (Alemania) y es hijo de padre ghanés y de madre ecuatoriana, le dibujó un caño a César Montes y estrelló la pelota en el poste derecho ante la estirada del guardavalla Raúl Rangel, que con el marcador 2-0 le ahogó un festejo con una formidable atajada.
Lo mejor de México vs. Ecuador
En lugar de socavar la confianza, la respuesta tuvo la misma furia y guapeza que demostraron a lo largo de la historia los mexicanos campeones de boxeo. Julián Quiñones, lanzado desde propio campo y con la defensa ecuatoriana adelantada al extremo de que su último jugador estaba en el terreno rival, provocó el estallido. Con una definición distinguida le puso el moño a su veloz y potente corrida. México olfateó sangre y se abalanzó, entendió que el rival flaqueaba y el aturdimiento no le permitía reaccionar: un mal despeje de Joel Ordoñez y Jiménez en la misma acción recuperó y gatillo -tras combinar con Quiñones- para colocar la pelota en el ángulo superior izquierdo de Hernán Galíndez.
México bajó el ritmo, cambió la partitura, para encarar el desenlace. Invitó a Ecuador a ser el protagonista del manejo de la pelota y esperó agazapado para soltar contraataques. Lo desgastó física y psicológicamente, porque el rival no desenmascaró grietas para lastimar –la mejor situación de riesgo fue un pelotazo que Kevin Rodríguez bajó con el pecho y definió exigido ante Rangel-, y cada vez que el Tri lanzó una réplica hizo daño: con pelotas paradas, con los cabezazos sucesivos de sus zagueros Montes y Johan Vásquez. En defensa mantuvo la guardia alta, aun con el cambio de nombres y de dibujo táctico para amurallar el arco de Rangel; en ofensiva, ofreció ejecutantes lúcidos que supieron leer lo que pedía el momento, la jugada. El ole, ole, la respuesta de los enfervorizados hinchas, que aplaudieron las salidas de Mora, Romo y Jiménez.
México cumplió con el mandato histórico, ese que refleja que derrotó a Ecuador en los dos cruces en la Copa del Mundo: el anterior en Corea-Japón 2002. Los opuestos quedaron expuesto: “Fuimos muy superados en el primer tiempo, y después creo que reaccionamos y no encontramos el gol que nos hubiese dado un poco más de ánimo. Agradecidos a todos por lo que ha sido esta aventura, este viaje. A los futbolistas, al país. No tengo reproches”, señaló Beccacece, en el campo de juego. Era la imagen de la frustración: del otro lado, solo había espacio para la fiesta y una larga celebración.


