A cinco días del comienzo de los cuadros individuales, el Abierto de los Estados Unidos vivió este martes una jornada de estrellas, con Carlos Alcaraz y Serena Williams en dobles mixtos y el esperado regreso de Roger Federer a las pistas de Nueva York para un partido de exhibición. Una suerte de despedida, la que nunca tuvo oficialmente.
El súper martes tuvo principalmente un marcado tono nostálgico con la presencia de Roger Federer en un entretenido partido de exhibición junto a Andy Roddick, un viejo adversario, en el estadio de tenis más grande del mundo, con 23.000 espectadores listos para tributarle los honores correspondientes a un jugador que marcó una época.
“Hay mucha alegría en poder volver al lugar donde he vivido tantos momentos maravillosos”, dijo el suizo, quien consideró que la exhibición representa “una verdadera oportunidad de dar las gracias y decir adiós”.
Ganador de cinco títulos consecutivos del US Open y de 20 torneos de Grand Slam, Federer nunca tuvo una despedida formal en Nueva York. Su última participación en Flushing Meadows fue en 2019, cuando cayó en cuartos de final ante Grigor Dimitrov.
Las lesiones le impidieron regresar en los años siguientes, antes de poner fin a su carrera en la Laver Cup de 2022.
Eso sí, el ex número uno del mundo descartó tajantemente cualquier posibilidad de volver al circuito profesional.
“No, no, no, en absoluto”, respondió entre risas cuando le preguntaron sobre un eventual regreso. “Me alegra poder aclararlo por si alguien tenía la más mínima duda”.
Unas 23.000 personas aplaudieron de pie a Su Majestad, que ingresó a la pista entre sus propios aplausos, además. Inmediatamente, la pantalla recorrió sus mejores momentos en Nueva York, la magia de su drive, la clase de su revés. El delirio de los espectadores y el tributo de sus principales oponentes.
Sobre todo, quedó en evidencia la grandeza de su talento insuperable, al levantar el título de Flushing Meadows cinco veces. Agradeció al público, a la ciudad, al torneo. Y esperó a su rival de ocasión, un auténtico fuera de serie, Andy Roddick, que logró un grande en Queens, en 2003. Ambos, acompañados por Anna Wintour, editora de moda y James Blake, un talentoso extenista, hoy de 46 años, en función de presentador.
Entre el suizo y el norteamericano se sacaron chispas durante el circuito, más allá de que el europeo se impuso en 21 de los 24 partidos. Hidalgo, Roddick aceptó con gusto su papel de partenaire: “Todo se reduce a Roger. Obviamente jugamos mucho y él me ganó muchas veces, pero siempre pudimos mantener una amistad durante nuestras carreras, algo que ha durado hasta ahora y que, con suerte, durará por siempre. Se trata simplemente de decir ‘presente’ cuando Roger te lo pide”.
El desarrollo tuvo varios pasajes interesantes. Como una devolución de revés del Gran Roger, a contrapierna, que levantó literalmente al estadio. La cámara mostró en ese instante a Félix Auger-Aliassime, asombrado como un espectador convencional. También estaba Serena Williams, enorme deportista que excede el marco del tenis femenino. Miles de espectadores llevaban las gorras con el distintivo “RF”, el logotipo que se hizo habitual durante la década y media de dominio de Federer, etapa en la que conquistó 20 títulos de Grand Slam.
Mirka Vavrinec, su mujer, sus hijos, sus padres, estuvieron en la cancha, en primer plano y, de algún modo, como en los viejos buenos tiempos. De todos modos, la vida pasa para todos, claro: como las hijas mellizas, Myla Rose y Charlene Riva, de ya 16 años.
Eso sí, fue solo un partido. Un set, en realidad, que acabó 6-3 para su Majestad. Ganó y tiró la pelota a la gente. Levantó los brazos y recibió, una vez más, el cariño del público. Más tarde, se jugaron los dobles, con la presencia del Gran Andre Agassi y el legendario John McEnroe para acompañar al suizo. Aquí se registró un 7-5 para la pareja Federer-McEnroe. Durante uno de los descansos, Roger elogió a su compañero: “Estás para volver al circuito”. Big Mac, con sus 67 años, respondió con una carcajada: “¡No sabía que eras un buen comediante!”.
Federer descartó enfáticamente una vez más cualquier posibilidad de regresar al tenis profesional a los 45 años. “Hay demasiados obstáculos, estoy muy ocupado y apenas encuentro tiempo para jugar exhibiciones, imaginate en el circuito. El cuerpo ya dijo basta. Estoy muy feliz con cómo me siento: hoy soy simplemente un fanático más que disfruta mirando desde afuera”, sostuvo, con la emoción a tono con la más hermosa nostalgia.
“Quizás más adelante. algún día, tenga otra oportunidad de volver a esta hermosa cancha y jugar delante de ustedes. Fue un honor. Gracias de todo corazón. Lo digo en serio”, saludó Federer a la multitud. La despedida fue con una foto final en el centro del Arthur Ashe, con Agassi, McEnroe y Roddick. todos campeones en la Gran Manzana. Una noche para el recuerdo, con el reencuentro de los no tan lejanos viejos tiempos.


