Rosario Central ganó en Río Cuarto y selló su clasificación para los octavos de final del Torneo Apertura. Por momentos anunció un carácter arrollador, en muchos otros fue apático. Sonríe por el 2-1 a Estudiantes y el consecuente pasaje, con una fecha de antelación, pero lejos estuvo de una gozar de una noche de lucidez.
La determinación con la que salió el visitante generó incredulidad celeste, pero no abatimiento. Se preveía el gol tempranero que abrió el partido en Córdoba, por la situación peligrosa que lo antecedió.
Jaminton Campaz, el mayor asistidor del equipo rosarino, empezó encendido y cruzó la pelota por toda el área del local para dejar de frente al arco a Gaspar Duarte, pero la definición se le fue muy arriba al extremo derecho. A los 4 minutos ya se notaba un flanco de debilidad en el León del Imperio: el lado derecho cuidado por Juan Antonini.
Sesenta segundos después, el cuadro canalla insistió, con la profundidad de Julián Fernández, una copia de Ángel Di María (no fue titular): su bicicleta desacomodó al defensor, el atacante le sacó distancia en la carrera con un fácil desborde y lanzó un centro para que cabeceara hacia la red Enzo Copetti, que igualó en tantos en el certamen, con 4, a ‘Fideo’ Di María y Alejo Véliz.
Estudiantes puso los brazos en jarra: cada vez que le habían hecho goles, no esquivó la derrota. Este viernes volvió a pasar. Por eso los números tan pálidos en el Apertura, que incluyen apenas cuatro goles propios y un solo éxito (2-0 a Huracán). Por eso habita el fondo de las tablas del descenso y anual. Todo negro, pero el equipo dirigido por Gerardo Acuña intentó, al menos, mostrarse entero. Y, pese a sus evidentes falencias, consiguió algo más que esa imagen.
La lesión de Gaspar Duarte a los 33 minutos resultó una doble mala noticia. Lógicamente, para Rosario Central, pero también para Estudiantes. Se lo vio irse desconsolado del campo y tomándose el isquiotibial zurdo; el aparente desgarro, por los tiempos, lo alejaría de protagonziar la definición del Apertura. Para el anfitrión, en tanto, el consecuente ingresó de Di María hizo que el público riocuartense se tomara la cabeza. Sin embargo, ese gesto de resignación se mezcló con cierta alegría por ver en acción al campeón del mundo, al que los espectadores reconocieron con aplausos.
En la primera ocasión de peligro del local, Tomás González habilitó sutilmente a Javier Ferreira, que abrió la pierna derecha y remató hacia un palo. Incluso, el cierre de la primera mitad se dio con una volea alta del paraguayo. Estudiantes tenía ganas de batallar.
Pero el conjunto dirigido por Jorge Almirón salió a replicar en el segundo período la actitud que había exhibido al inicio del partido. Otra vez por la izquierda, un zurdazo de Campaz encontró el costado externo de la red, a los 25 segundos. Y a los 9 minutos, Angelito encendió su chispa de crack. Se juntó con Fernández para practicar una pared en el área, y el joven cruzó el remate y amplió la ventaja.
Parecía partido liquidado, pero el desarrollo nunca se presentó tranquilo ni cómodo para el visitante. El equipo más flojo del certamen lo exigió, y e incluso cuando eso no ocurrió, el propio cuadro auriazul (esta vez, mayormente de blanco) fue desprolijo y displicente.
Al cuarto de hora descontó con un tiro libre Mauro Valiente, que desde un costado y con poco ángulo sorprendió a Jeremías Ledesma; el arquero no llegó a manotear el balón hacia fuera del arco. Media hora era mucho tiempo como para que el visitante resistiera en esas condiciones, pero la templanza y la jerarquía terminaron estableciendo la diferencia.
Cuando más sereno debía estar Estudiantes, se descontroló, y en un nivel insólito. En el tramo final del partido recibió dos expulsiones justas por patadas descalificadoras: Darío Herrera, que controló el superclásico y fue apuntado por una jugada polémica en el final, otra vez necesitó el VAR, ahora a cargo de Fernando Espinoza, por no haber percibido lo que debía calibrar. En este caso, la brusquedad de los puntapiés.
Al ver las imágenes, Herrera, uno de los tres árbitros argentinos que participarán en el Mundial, primero echó a Antonini por un golpazo desde atrás a Di María, sin intención alguna de jugar el balón. Y ya en tiempo adicional expulsó al capitán, Gonzalo Maffini, que le había propinado a Véliz una plancha alta en un tobillo, también lejana a la pelota.
Estudiantes (Río Cuarto) 1 vs. Rosario Central 2
Luego, pitazo final y clasificación canalla. No mucho más que eso para un Rosario Central que afrontará aliviado en Venezuela su compromiso del martes, ante Universidad Central por la Copa Libertadores, pero que provocó gestos de preocupación en Almirón. Y esta vez, con su número 11 como parte de la floja producción.




