Un partido, dos equipos y un futbolista que protagoniza una saga de juegos que representan una carrera contrarreloj para jugar el Mundial 2026. Todos esos elementos se condensaron en el Bajo Flores, por la tercera fecha del Grupo D de la Copa Sudamericana: San Lorenzo, Santos y Neymar Jr., los actores del episodio. El empate 1 a 1 impidió al Ciclón afirmarse en lo más alto de la zona y presentar credenciales de candidato y alivianar el camino para sacar boleto rumbo a los 8avos de final; la igualdad no modificó la posición del Peixe, que cierra la tabla de posiciones y no sabe de victorias en la aventura. La suerte de Ney viaja a la par de la del equipo y la meta de convencer al seleccionador Carlo Ancelotti de convocarlo para la Copa del Mundo no registró avances en el Nuevo Gasómetro.
El fútbol genera una atmósfera que no conoce de racionalidad. San Lorenzo sabe de padecimientos deportivos e institucionales, pero el hincha provoca antesalas festivas, de club que camina con firmeza, aunque la realidad señale que las crisis son cíclicas y está inmerso en una más: en el torneo Apertura se jugará en la última jornada la clasificación para los playoffs y el 30 de mayo se desarrollarán elecciones para completar el mandato del destituido presidente Marcelo Moretti.
La Copa Sudamericana es un sueño que está en construcción y en el comienzo dio muestras de que trabaja para alimentar esa ilusión. Cuatro situaciones de peligro en 20 minutos, con diferentes actores y modos: Tripichio, de media distancia; Cuello, con una definición sin ángulo que conjuró el arquero Gabriel Brazao, quien después con reflejos felinos evitó la caída de su valla ante una chilena de Auzmendi; Romaña imponiéndose en el juego aéreo… Y de tanto martillar el Ciclón derribó el muro con un sorprendente disparo de Cuello: el goleador remató desde 30 metros y desató el nudo.
San Lorenzo sintió el esfuerzo y se desinfló. En ese respiro que se tomó para recuperar energías asomó toda la jerarquía del ataque de Santos, que solo se había aproximado con Rollheiser, aunque el argentino solo recibió el reclamo de Neymar Jr. y Gabigol por apresurarse en la resolución.
Neymar es un fantasista, capaz de inventar una jugada y contagiar a sus compañeros. Las lesiones lo persiguieron en 2025: un edema muscular, desgarro en el cuádriceps y en el menisco de la rodilla izquierda en noviembre pasado, lo que puso en riesgo su participación a finales del año pasado. Por segunda vez jugó en un estadio argentino con la camiseta de un club; con Brasil lo hizo en ocho oportunidades. El único antecedente era frente a Vélez, en 2012. Un año antes se había consagrado campeón de la Copa Libertadores, con apenas 19 años. Mantiene el respeto de los rivales, jugadores e hinchas: la adoración por el ídolo que trascendió fronteras se sintetizó en el aplauso que le regalaron los simpatizantes del Ciclón cuando Santos hizo la entrada en calor.
Tiene dos tipo de interlocutores Neymar Jr.: Gabigol, que lo hace a su mismo ritmo, y Rollheiser, que juega con una velocidad más que los dos brasileros. Entendible la flojera del Peixe: depende en exceso de ese triángulo para ser peligroso y defensivamente no ofrece garantías. Pero una combinación de los tres distintos y Santos empató con el sello del artillero Gabigol. Ney tuvo su chance, tras una pérdida de Gulli, que intentó un caño para abrir una ventana de remate: ajustó la mira, falló por centímetros.
Veinte años atrás, también por Copa Sudamericana, San Lorenzo goleó 3-0 a Santos. Ahora se midieron en momentos distintos: en el invicto de ocho partidos del ciclo que dirige Gustavo Álvarez, con tres triunfos, el DT definió un equipo y apenas un par de nombres modifican la estructura según las características del rival o la imposibilidad de contar con esos futbolistas por lesiones o suspensiones. Santos marcha en una posición incómoda en el Brasileirao: 17mo entre 20 clubes, ocupa puestos de descenso. Pero el modelo del Ciclón tiene combustible para media hora y se resiente cuando debe recurrir a los relevos: los que ingresaron para ser auxilio de Insaurralde –una figura recuperada, que es eje para jugar e impone orden– alternan buenas y malas; los retoques ofensivos no destacan.
San Lorenzo no hizo valer su momento y en el segundo tiempo batalló y corrió más de lo que jugó: el control se dividió, porque Santos tuvo mayor actitud y se recostó en los destellos de Neymar Jr. para ser desequilibrante, aunque la estrella ilumina solo de a ratos. El empate comprime al grupo y en las tres fechas que restan el Ciclón jugará dos veces de visitante: por ahora le alcanza, pero no se puede dar el lujo de tropezar.




