Los israelíes observan ansiosos este miércoles cómo se perfilan los resultados electorales tras unos comicios con la mayor participación en más de un cuarto de siglo, sin que apareciese un ganador claro. Podrían avecinarse semanas de negociaciones para el primer ministro, Benjamin Netanyahu, y una serie de partidos de oposición que intentan apartarlo del poder.
Las facciones lideradas por árabes habrían logrado un resultado histórico, pero no estaba claro si otros partidos contrarios al gobierno de ultraderecha de Netanyahu formarían una coalición con ellas para lograr una mayoría en el próximo Parlamento. Todo lo que rodea a los palestinos y sus descendientes sigue siendo un asunto increíblemente sensible en Israel.
Netanyahu busca seguir siendo el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo en el país. En unas desafiantes declaraciones tras la votación, descartó la idea de aliarse con formaciones árabes -cuyos votantes representan el 20% de la población de Israel- por considerarla una traición.
“Debemos establecer un gobierno fuerte, de derechas y nacionalista”, afirmó Netanyahu. “No debemos poner en peligro a Israel y establecer un gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas”.
Su principal rival, su ex jefe militar, el centrista Gadi Eisenkot, ha dejado abierta la puerta a asociarse con partidos árabes bajo ciertas condiciones, incluyendo el reconocimiento de Israel como un Estado judío y de Hamas como un grupo extremista.
Carteles con el rostro de Benjamin Netanyahu y Donald Trump, en una calle de Jerusalén, este miércoles. Foto: REUTERS Queda por ver si algunos de los posibles socios de Eisenkot, que han descartado esa alianza, cambiarán de opinión para apartar a Netanyahu del poder.
Con el 85,6% de los votos escrutados, el bloque liderado por Netanyahu perdía un escaño con respecto al último recuento y se situaba en 53 diputados, mientras los partidos árabes suman dos parlamentarios, según los datos del Comité Electoral Central de Israel y los cálculos de los principales medios nacionales. La coalición opositora israelí encabezada por Eisenkot, tenía 48 diputados, en la Knesset, de 120 escaños.
El revés para Netanyahu no es una derrota total
Casi el 78% de los ciudadanos con derecho a voto acudieron a las urnas, la cifra más alta desde 1999. Los resultados definitivos se esperan en los próximos días, incluyendo los de los cientos de miles de votos en ausencia que aún no se han contabilizado de personal militar y diplomáticos.
La votación reflejó inquietud por la alianza de Netanyahu con la extrema derecha y fastidio en un país cansado de la guerra por las exenciones al servicio militar concedidas a la numerosa población ultraortodoxa judía. Pero los resultados sugieren que los rivales de Netanyahu no pudieron capitalizar como esperaban el dolor provocado por el salvaje ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, liderado por Hamas, para apartarlo del poder definitivamente.
Uno de los socios que perdió apoyos fue el ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir, quien para muchos israelíes representaba la peor faceta del gobierno de Netanyahu al burlarse abiertamente de detenidos palestinos y sostener que muchos de los habitantes de Gaza “ni siquiera son personas”.
Los sondeos en boca de urna de las principales cadenas de TV israelíes indicaban el martes por la noche que la coalición gobernante de Netanyahu perdió fuerza. El recuento de votos sugería que el Likud seguiría siendo el más votado y el mejor posicionado para que el presidente de Israel, Isaac Herzog, le encargue la formación del nuevo gobierno. Herzog, no está obligado a elegir a la formación con más representantes.
Periodistas en la sede del partido Likud, de Benjamin Netanyahu, este martes. Foto: ANSA El camino más sencillo hacia una mayoría parlamentaria podría implicar que Eisenkot se aliara con partidos liderados por árabes, pero es una maniobra políticamente difícil. En un discurso a primera hora del miércoles centrado en la unidad nacional, Eisenkot se comprometió a formar un gobierno y prometió “una nueva era, una era de esperanza”.
Si nadie llega a un acuerdo, los israelíes podrían volver a las urnas a comienzos del próximo año. Israel celebró cinco elecciones entre abril de 2019 y noviembre de 2022 debido a un estancamiento similar. No está claro si miles de israelíes que viven en el extranjero volverían a casa para votar, y si los electores árabes volverían a acudir en masa a las urnas.
El rol de los partidos árabes
Ante el fuerte desempeño electoral de los partidos árabes, los israelíes han reabierto el debate sobre su identidad.
“No tenemos futuro aquí si no dejamos de tener miedo», dijo Yair Golan, cuyo partido, Demócratas, está a favor de incorporar a los partidos liderados por árabes de Israel a la coalición. “Ya no debemos aceptar la división racista de Netanyahu entre votos judíos y votos árabes”.
Los ciudadanos árabes de Israel, descendientes de palestinos que permanecieron en el Estado tras su creación en 1948, a menudo enfrentan discriminación y son vistos con recelo por su solidaridad con la causa palestina. Esa sospecha se ha intensificado desde el 7 de octubre, aunque entre los fallecidos y capturados en el asalto había también ciudadanos árabes.
Netanyahu había advertido que los partidos árabes podían decidir el resultado de la elección. El mandatario no trabajará con los liderados por árabes, y las formaciones han descartado también esa opción.
Gadi Eisenkot, el principal rival de Benjamin Netanyahu, ante sus seguidores el miércoles. Foto: BLOOMBERG El ambiente era de alegría durante la noche en la sede de la Lista Árabe Unida, el único partido árabe que alguna vez ha entrado en una coalición de gobierno, aunque brevemente, en 2021.
“Estamos aquí, no estamos al margen”, declaró el líder del partido, Mansour Abbas.
“Poco a poco estamos llegando a una situación en la que tenemos que enfrentar la realidad», señaló Hanna Doukhan, una votante en Tel Aviv. «No veo una posibilidad de formar un gobierno sin los árabes”.
“No queremos el gobierno con el pueblo árabe”, dijo Michal Shiloh en Jerusalén, reflejando el giro hacia la derecha entre algunos israelíes más jóvenes.
Otros tenían esperanza. “Esto abriría la puerta a reparar nuestra sociedad” mientras se preserva a Israel como el hogar nacional del pueblo judío, manifestó Eti Wissotzky-Cohen en Tel Aviv.
También son posibles los gobiernos minoritarios, pero dependerán de la cooperación de formaciones ajenas al Ejecutivo para aprobar leyes.
Lo que viene
Netanyahu ha gobernado durante casi 17 años de forma ininterrumpida. Los israelíes ya estaban divididos antes incluso del ataque más letal en la historia del país. Las guerras resultantes, junto con la violencia de colonos en la Cisjordania ocupada, han avivado la indignación mundial, tensando los lazos con los aliados más cercanos y alimentando el repunte del antisemitismo.
Los partidarios de Netanyahu consideran que está protegiendo la seguridad del país y su identidad judía frente a la presión internacional y a las élites liberales.
Sus detractores sostienen que el mandatario, acosado por un juicio por corrupción en curso, prolongó la guerra en Gaza y su crisis de rehenes por razones políticas. Afirman que está socavando la independencia del poder judicial. Y acusan a su gobierno de permitir que los judíos ultraortodoxos eviten el servicio militar obligatorio.
Eisenkot es visto por sus simpatizantes como un líder capaz, con credenciales de seguridad intachables. Su hijo y dos sobrinos murieron en Gaza, y quienes lo respaldan creen que siente profundamente el dolor del país. Los partidos que probablemente lo apoyarían han prometido mejorar la posición internacional de Israel y trabajar para reclutar a los ultraortodoxos, al tiempo que refuerzan la independencia del poder judicial.


