La victoria de este domingo del conservador y europeísta Péter Magyar al frente de Tisza, una formación política creada hace apenas dos años, refuerza al bando de los conservadores europeos que están en contra de pactar con formaciones de extrema derecha. Ese balance de poder, cuando los conservadores tienen ya a 13 jefes de gobierno de los 27 de la Unión Europea, es clave para entender los equilibrios en el Consejo Europeo, la institución de la Unión Europea que reúne a los gobiernos. Magyar, que luchó contra Viktor Orban, padrino de las extremas derechas europeos que parecía imbatible hasta hace unos meses y durante más de tres lustros, es radicalmente contrario a esos pactos con fuerzas que trabajan para destruir la Unión Europea en su formato actual.
El Partido Popular Europeo, la gran familia de la derecha tradicional del bloque, la que reúne a conservadores clásicos, a democristianos y a populares como los italianos o españoles) está profundamente dividida en dos partes por un dilema. ¿Se debe o no se debe pactar con la extrema derecha? La discusión es esencial porque de esos pactos depende que esos partidos conservadores puedan, en algunos casos, formar gobiernos o ser parte de coaliciones. En la izquierda apenas existe ese debate porque desde la salida de Syriza del gobierno griego no hay primeros ministros de partidos a la izquierda de la socialdemocracia tradicional ni líderes en ese espacio político con posibilidades reales de alcanzar el poder en los próximos años.
En la derecha la división es neta en dos bloques. El primero, que es cada vez mayor y que se refuerza ahora con Magyar, reúne, entre otros, al alemán Friedrich Merz, al portugués Luis Montenegro, al griego Kyriakos Mitsotakis o al polaco Donald Tusk.
Rechazan cualquier acuerdo con partidos de extrema derecha e incluso, como en el caso de los conservadores portugueses, apoyaron al candidato socialista (Antonio Seguro) frente al de extrema derecha (Andrés Ventura). Seguro venció a Ventura con más de dos tercios de los votos. La CDU alemana de Merz llegó a abstenerse para permitir que un candidato de la extrema izquierda de Die Linke fuera presidente en el lander de Turingia y evitar que lo fuera el candidato de la propia CDU porque necesitaba los votos de la ultraderecha de AfD.
Pero hay otra derecha tradicional que considera que esos pactos con la extrema derecha son el mal necesario para poder gobernar o para poder sacar del poder a partidos de izquierda. Son partidos como la Forza Italia que fundó Silvio Berlusconi y que ahora lidera el canciller italiano Antonio Tajani. O en España el Partido Popular de Alberto Núñez-Feijóo, quien en la noche del domingo felicitaba a Péter Magyar por su victoria sobre Viktor Orban, el dirigente que hizo que bancos húngaros controlados por el Estado financiaran campañas electorales de VOX, el partido de extrema derecha con el que los de Núñez-Feijóo están negociando en estos días la formación de varios gobiernos regionales.
Sin VOX, a la vista de los sondeos y resultados del último lustro en España, es imposible que los populares saquen del poder a los socialistas.
La tensión entre esas dos familias dentro de los conservadores se vive también en el Parlamento Europeo. El Partido Popular Europeo utiliza la aritmética europarlamentaria actual para seguir pactando con socialistas, liberales y ecologistas, pero cuando quiere sacar adelante alguna medida que esas tres formaciones rechazan, lo hace con los grupos de extrema derecha. Hasta ahora argumentaba que no negociaba nada, pero que no podía evitar que la extrema derecha votara a favor de algunas de sus propuestas.
Hasta que se supo, gracias a la información de la agencia alemana DPA, que el líder de los populares en el Parlamento Europeo (Manfred Weber) y un puñado de eurodiputados y asesores) mantenían grupos de whatsapp con miembros de los grupos de ultraderecha donde negociaban textos y enmiendas. El jefe político de Weber, el alemán Friedrich Merz, ordenó acabar con esa práctica. Los grupos de whatsapp se cerraron, pero los pactos siguen adelante.
¿A quien beneficia electoralmente? Las condiciones de cada elección y de cada país son diferentes, pero por ahora los partidos conservadores que no pactan con la extrema derecha (como en Alemania, Polonia, Portugal o ahora Hungría) lideran sus gobiernos. Los que pactaron o pactan o son secundarios (como la Forza Italia, en el gobierno de Giorgia Meloni) o están en la oposición, como los españoles, los franceses o los daneses.




