El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, reconoció este viernes que «hay una confianza quebrada en el sistema de trenes de alta velocidad» en el país ibérico tras el dramático accidente de dos trenes que causó 69 muertes el miércoles pasado en Urda, provincia de Toledo, y prometió soluciones.
«Hay una confianza quebrada en el sistema de alta velocidad en nuestro país, y la labor del Gobierno no es solamente hacer el diagnóstico, conocer cuáles son las causas, sino ofrecer soluciones para que una tragedia de esta magnitud, como ayer dijo el jefe del Estado, el rey Felipe VI, no vuelva a suceder», afirmó Sánchez en rueda de prensa en Toledo.
Se trata del segundo accidente de trenes de alta velocidad en nueve meses tras el ocurrido en Adamuz (Córdoba) en enero pasado, que dejó un trágico saldo de 46 decesos.
Por el momento, la cifra de víctimas fatales en el accidente de Toledo se mantiene en 69 aunque no se descarta que el número aumente, informó.
Entre ellas hay víctimas de 27 nacionalidades, incluidos dos argentinos: Ana Martina Conte Grand, de 32 años, y Agustín Randazzo, de 51.
Por otro lado, hoy se supo de fuentes de la investigación del accidente que el trabajador del centro de control de la estación de Atocha (Madrid) que dio la orden al tren AVE de reanudar la circulación con marcha normal pese a que más adelante se encontraba en la misma vía un tren Iryo parado, contra el que colisionó, se negó a declarar ante la Guardia Civil.
Según las investigaciones preliminares, el tren AVE iba a una velocidad de entre 160 y 200 kilómetros por hora cuando quedó empotrado con el coche de cola del tren Iryo, lo que provocó que tres vagones de ese tren terminen volcados en el terraplén de la vía.
Ambos trenes habían salido con unos minutos de diferencia de Madrid y se dirigían a Sevilla cuando el sistema informático de seguridad cayó y pasó a tomar el mando el centro de control de Atocha.
Por su parte, pese a la presión en aumento de la oposición, el ministro de Transportes, Óscar Puente, descartó presentar su renuncia al cargo tras el accidente y dijo que su «forma de asumir la responsabilidad es dar la cara».
En la segunda rueda de prensa desde el accidente, Puente explicó que la caída por un fallo informático del sistema de seguridad LZB -origen del accidente del miércoles- se ha producido en lo que va de año 170 veces, lo que se encuentra «dentro de la normalidad europea».
El ministro señaló que el centro de control de Atocha, desde donde se tomó la decisión «errónea» de autorizar al tren AVE de circular a marcha normal, no está infradotado y que en el momento del accidente operaba «de absoluta normalidad», También dijo los controladores tenían a la vista todo lo que sucedía en una pantalla en la que «se ve dramáticamente cómo un tren está avanzando y otro está parado».
Puente dijo que se desconoce el motivo por el que el tren de la compañía italiana Iryo no arrancó, aunque, sea por la razón que sea, «no es admisible» que un tren choque a otro por detrás.
Y afirmó que «en un pais no se pueden producir dos tragedias ferroviarias», en referencia a la ocurrida en enero en Adamuz, y que «vamos a dejarnos la piel para superar esa crisis y que los españoles recuperen la confianza» en la alta velocidad.


