Fue una noche fatal para Donald Trump. Los estadounidenses votaron masivamente el martes contra la gestión del presidente y lo castigaron por la economía, la inflación, sus políticas anti-inmigratorias y su escasa empatía con las necesidades e intereses de los ciudadanos. Los republicanos perdieron las dos cámaras del Congreso y el jefe de la Casa Blanca intentó este miércoles una respuesta a la dura derrota: reconoció que la guerra en Irán tuvo impacto en las elecciones, pero insistió en que era algo que tenía que hacer.
«Es en gran parte cierto porque hizo subir un poco los precios del combustible«, dijo el presidente el miércoles, en su primera aparición pública desde las elecciones. Sin embargo, añadió que “al mismo tiempo, si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría que hacerlo de nuevo». Y afirmó: «No se puede permitir que Irán tenga un arma nuclear.»
Las palabras de Trump llegaron después de que su vice, JD Vance, dijera en un largo posteo en X dijera que los votantes querían que Trump terminara la guerra, se centrara en el coste de la vida y la inflación, pusiera a América en primer lugar y «cambiara nuestra relación con Israel.» «La razón por la que perdimos es la guerra», dijo Vance, que evalúa presentarse a la presidencia dentro de dos años y en el inicio se había opuesto al conflicto.
Luego del “tsunami” opositor, la gobernabilidad del presidente quedará severamente afectada no solo porque ha perdido el control republicano de la Cámara de Representantes y el Senado sino porque comenzará una guerra intestina para el liderazgo y la orientación de su propio partido.
Después de esta severísima derrota, Trump ya no será referente indiscutido y muchos republicanos moderados que antes toleraron con disgusto ciertas actitudes y políticas del presidente, ahora lo desafiarán. El magnate ha demostrado en el pasado que puede recuperarse y sorprender, pero la sensación es que podría haber comenzado el fin de la era Trump.
El presidente Donald Trump conversa con periodistas durante un recorrido por las obras de construcción del salón de baile de la Casa Blanca. Foto APLos demócratas ya se preparan para acorralarlo en estos dos años de mandato. “Cuando Trump desafíe la voluntad del pueblo estadounidense o la ley, iniciaremos investigaciones, lo llevaremos ante los tribunales y lo atraparemos en una maraña de obstáculos legislativos”, dijo Chuck Schumer, líder demócrata de la cámara alta. Y agregó: “Los días de un Senado sometido a Trump se terminaron”.
El presidente había pedido públicamente a los estadounidenses que hicieran de cuenta de que figuraba en las boletas y entonces las elecciones se convirtieron en una evaluación de sus primeros dos años en la Casa Blanca. La jugada le salió mal porque los estadounidenses lo castigaron con severidad. No solo perdió las dos cámaras del Congreso, sino que la gran mayoría de los candidatos que él había promovido y apoyado resultaron derrotados ampliamente. Fiel a su estilo, tras conocerse los resultados, Trump atribuyó parte de las pérdidas a que él no había sido candidato.
Los demócratas lograron victorias históricas en estados tradicionalmente conservadores. En Texas, James Talarico conquistó una banca en el Senado por primera vez para su partido en 38 años, mientras Gina Hinojosa ganó la gobernación después de 36 años de dominio republicano. En Carolina del Sur, Annie Andrews obtuvo la primera victoria demócrata al Senado en 28 años. En Kansas, Adam Hamilton rompió una hegemonía republicana de 94 años y en Iowa, Josh Turek consiguió un escaño que los demócratas no ganaban desde hacía 18 años. Otros candidatos hicieron historia, como Abdul El Sayed, en Michigan, se convertirá en el primer senador musulmán en EE.UU..
La inflación, el precio de la nafta, los alimentos y la vivienda dominaron las preocupaciones de los estadounidenses a la hora de votar. Aproximadamente tres cuartas partes de los votantes a nivel nacional dijeron sentirse insatisfechos o peor con la situación en el país, y casi 4 de cada diez dijeron que estaban “enojados” con el presidente, según boca de urna de CNN. Un 62% de los votantes afirmó que desaprobaba la gestión de Trump y apenas un 38% dijo apoyarla.
Uno de los datos más significativos de la elección es el debilitamiento de la coalición que llevó a Trump a la Casa Blanca en 2024. Sondeos a boca de urna de Reuters mostraron retrocesos republicanos entre los latinos, los hombres negros y los votantes jóvenes. Entre los menores de 30 años, el giro fue todavía más pronunciado: siete de cada diez eligieron a los demócratas, cuando en 2024 el voto juvenil se había dividido casi por mitades. Entre los jóvenes afroamericanos, el respaldo demócrata alcanzó el 89%, según el centro CIRCLE de la Universidad de Tufts.
Trump había hecho de la seguridad fronteriza y las deportaciones masivas una bandera central de su campaña en 2024. Si bien fue un tema popular en aquel momento, la dura política migratoria generó ahora un fuerte rechazo entre los votantes. Se notó especialmente marcado entre los latinos y se sintió especialmente en estados como Florida y Texas. Pero el descontento alcanzó incluso a sectores rurales, donde suelen trabajar los inmigrantes.
Los resultados prometen un Congreso renovado y agresivo tras dos años en los que los republicanos redujeron el papel del poder legislativo a un mero espectador. A partir del 3 de enero la oposición podrá vetar candidatos judiciales y funcionarios que proponga el gobierno. Y tendrán el liderazgo de los comités, con autoridad para iniciar investigaciones, incluso iniciar un impeachment contra el presidente.
Robert Garcia, principal demócrata de la Comisión de Supervisión de la Cámara escribió en X: “LAWYER UP”, consíganse abogados. Y anticipó investigaciones sobre los negocios de la familia Trump, las actuaciones del ICE, el papel de Elon Musk en el gobierno y el caso Epstein.
Se prevén, además, fuertes choques por la agenda legislativa con la Casa Blanca, sobre todo sobre gastos y la guerra con Irán. Aunque su gobernabilidad se ve debilitada, el presidente no pierde totalmente el poder porque podría gobernar a través de órdenes ejecutivas y disputar las leyes del Congreso. Dijo que si perdía iba a convertirse en el “Señor veto”.
Con un hoy Trump maltrecho, el partido republicano comienza a mirar hacia las presidenciales de 2028. El jefe de la Casa Blanca, de 80 años y sin posibilidad de reelección, tendrá menos poder para dirigirlo. Su vice, JD Vance, y el secretario de Estado Marco Rubio, mencionados como posibles sucesores, buscarán despegarse de su imagen y sus políticas, mientras que los republicanos tradicionales intentarán alejarse del trumpismo MAGA y recuperar el voto moderado, con foco en la economía y la salud.
Los demócratas lograron captar el malestar por el costo de vida pero su rumbo es incierto. Los resultados no muestran un giro uniforme hacia la izquierda o el centro, sino una convivencia de moderados, progresistas y “demócratas socialistas”, unidos por el rechazo a Trump y la preocupación por el poder adquisitivo. Las diferencias sobre inmigración, seguridad, Israel, salud y reformas progresistas siguen abiertas y serán importantes de cara a 2028.


