La guerra que asola el este de Europa desde la madrugada del 23 al 24 de febrero de 2022, cuando Rusia lanzó su agresión militar contra Ucrania, está girando definitivamente por la mayor capacidad militar ucraniana.
Ucrania lanzó desde la madrugada y hasta primera hora de la mañana de este miércoles casi 400 drones, 354 de los cuales fueron abatidos, según el Ministerio de Defensa ruso.
Pero las pocas decenas de drones que consiguieron alcanzar sus objetivos golpearon en 15 regiones, en las ciudades de Moscú y San Petersburgo e incendiaron parte de la terminal petrolera de esa ciudad justo en el día en el que se inauguraba, a pocos kilómetros, un foro económico que Rusia pretende que sea su versión del Foro de Davos.
El ataque perturba ese foro económico, en el que participa el presidente ruso Vladimir Putin. Su homólogo ucraniano Volodimir Zelenski se felicitó por ese ataque, un golpe de efecto y a la vez un golpe estratégico importante en función de cuán dañada haya quedado la terminal petrolera de la ciudad de los zares.
Las imágenes de agencias de prensa mostraban desde la mañana una densa columna de humo oscuro saliendo de la terminal petrolera. Decenas de vuelos tuvieron que ser anulados en el aeropuerto de la ciudad, la segunda mayor de Rusia tras la capital Moscú.
La terminal petrolera atacada, la de Kírov, es esencial para el sector de hidrocarburos ruso y tiene una capacidad de procesamiento de más de 12 millones de toneladas al año.
Zelenski dijo a través de su canal de Telegram: “Esta noche, objetivos importantes sobre territorio ruso han sido alcanzados, entre otros una instalación de la industria petrolera rusa que alimenta la guerra”. Rusia exporta por esa terminal buena parte del petróleo que todavía sigue vendiendo y que le suponen importantes ingresos en divisas.
Ucrania también golpeó una base militar rusa en la ciudad de Kronstadt y una fábrica de armas en Tambov. El ataque sobre San Petersburgo muestra además que los drones ucranianos llegan cada vez más lejos con precisión, porque desde la frontera ucraniana hasta la ciudad del Báltico hay casi 900 kilómetros en línea recta.
El ataque habría golpeado también a una corbeta de guerra, la Boiki, que Rusia utiliza habitualmente en el Báltico y otros mares del norte de Europa para proteger a su flota petrolera.
Rusia respondió con misiles con más de 200 drones de ataque, de los que Ucrania asegura haber derribado 198. La víspera habían muerto 23 personas en Ucrania tras el lanzamiento de 73 misiles y 656 drones. Moscú está aprovechando que a Ucrania le faltan misiles interceptadores para derribar todos los drones que Rusia lanza.
Uno de los problemas de Kiev es que algunos misiles rusos sólo pueden ser interceptados por misiles estadounidenses Patriot, de los que Ucrania ya apenas tiene porque Estados Unidos cerró el grifo militar al país cuando Donald Trump volvió a la Casa Blanca.
Rusia intenta aumentar la retórica del conflicto para, estiman diplomáticos europeos, justificar una movilización forzada de hombres porque teme que la guerra se le vaya de las manos. Un informe militar ruso filtrado a la agencia Bloomberg asegura que el gasto militar se come ya el 40% del presupuesto ruso.
Las fronteras rusas están cerradas para salir del país y Putin prepara la desconexión de internet para el 1 de julio, según cuentan fuentes europeas. Consideran que la única explicación es que va a forzar la movilización militar de decenas de miles de jóvenes.
Esas mismas fuentes cuentan que eso explica esa subida del volumen retórico contra Europa, a la que se quiere asemejar a la Alemania nazi y a quien se le dice que “su sueño pacífico ha terminado”. El canciller ruso Serguei Lavrov dijo la semana pasada que “Alemania vuelve a liderar el movimiento que sustenta el nazismo en Europa”.
En realidad, en Alemania todos los partidos políticos bloquean a los neonazis de AfD, aliados de Moscú. Y son precisamente los partidos de extrema derecha los que recibieron durante años el apoyo ruso, incluso financiero. Como los préstamos a la francesa Marine Le Pen y el siempre amable trato al italiano Matteo Salvini.




