Las Fuerzas Armadas rusas parecen querer llevar al espacio su guerra contra Ucrania y quienes ayudan a Ucrania. Un investigador holandés de la Universidad Tecnológica de Delft, Marco Langbroek, detectó que Kosmos 2612, un satélite militar ruso, había modificado su órbita para acercarse a unas pocas decenas de metros -eso en el espacio es como milímetros en la Tierra- al satélite ICEYE-X36, de una empresa finlandesa que ayuda a Ucrania con imágenes de inteligencia. La maniobra abre un nuevo frente en la guerra y diplomáticos europeos creen que Moscú podría estar preparándose para derribar satélites occidentales que trabajen para Ucrania, sean militares o, como en este caso, civiles.
El encuentro se produjo a 550 kilómetros de la Tierra. Durante varios días a principios de octubre, según las investigaciones de Langbroek, confirmadas por empresas de vigilancia espacial, el Kosmos 2612 ejecutó maniobras deliberadas para acercarse al satélite finlandés. La aproximación culminó el día 18 de octubre, cuando ambos objetos estuvieron a menos de 100 metros de distancia.
No hay pruebas de ningún ataque ni de daños en los satélites, pero la diplomacia europea aprendió que Moscú tiene capacidades tecnológicas para acercarse de forma controlada a satélites occidentales, y por lo tanto la capacidad de destruirlos. La investigación de Langbroek asegura que el satélite ruso hizo maniobras los días 30 de septiembre, y 12, 15 y 16 de octubre hasta que consiguió ajustar su altitud, inclinación y velocidad para ponerse al lado del satélite finlandés. El día 17 estaban a poco más de un kilómetro y el día 18 se produjo el acercamiento que los dejó a menos de 100 metros.
La empresa estadounidense Leolabs, consultada por el medio especializado Ars Technica, dijo que según sus mediciones Kosmos 2612 redujo progresivamente su separación inicial de cientos de kilómetros a unos pocos cientos de metros. El aparato ruso, según los investigadores, no se limitó a acercarse al finlandés. Se dedicó a maniobrar alrededor de él, permaneció a su lago durante horas y después empezó a alejarse poco a poco.
Los diplomáticos europeos consultados este martes por Clarín estiman que podría ser la forma de Moscú de enseñar a europeos y estadounidenses que tiene la capacidad tecnológica de derribar cualquier satélite. Ni Rusia ha dicho nada sobre la operación ni Finlandia la ha denunciado.
ICEYE-X36 es uno de los satélites de la constelación de una empresa especializada en radares de apertura sintética, una tecnología que es capaz de obtener imágenes de muy alta resolución incluso de noche o cuando las nubes impiden observar el terreno con cámaras convencionales. Su utilidad para las Fuerzas Armadas es considerable porque permite identificar movimientos de vehículos, instalaciones, concentraciones de tropas y hasta tropas. Y todo eso sin necesitar unas ciertas condiciones meteorológicas.
ICEYE trabaja para Ucrania desde pocos meses después de que Rusia lanzara el ataque en febrero de 2022. En agosto de ese año la empresa anunció que había ganado un contrato del Gobierno ucraniano para facilitarle el uso de un satélite y acceso a las imágenes de Ucrania que pudiera obtener su constelación de satélites. En julio de 2024 la empresa hizo otro anuncio, esta vez tras un contrato con el Ministerio de Defensa de Ucrania. Y el pasado 19 de enero lanzó otro anuncio, este para contar que ampliaba el suministro de imágenes de inteligencia espacial a las Fuerzas Armadas ucranianas.
La inteligencia occidental ha estado siguiendo los movimientos de Rusia en el espacio. El pasado 15 de octubre, dos investigadores del Center for Strategic and International Studies (CSIS) advirtieron de que Rusia estaba preparando acciones contra satélites comerciales occidentales. En su análisis recordaron que Moscú había lanzado en abril pasado seis satélites militares, identificados como Kosmos 2609, 2610, 2611, 2612, 2613 y 2614, y que cinco de ellos llevaban tiempo haciendo maniobras inusuales para acercarse a otros satélites.
Otro satélite de esa familia, Kosmos 2543, soltó en julio de 2020 un objeto que volaba a 186 metros por segundo y que para Estados Unidos y la Unión Europea era un artefacto con aplicaciones militares. Algo que lanzado contra un satélite lo destruiría. Además, Rusia maneja tecnología espacial para provocar interferencias electrónicas.
Un ataque a los satélites de ICEYE no sólo dañaría a Ucrania. La empresa se ha convertido en los últimos años en un proveedor estratégico para varios países europeos y para la OTAN. La relación es especialmente estrecha con Alemania. El gigante alemán de la industria militar Rheinmetall anunció en diciembre del año pasado un contrato de 1.700 millones de euros para que sus Fuerzas Armadas tuvieran acceso a las imágenes de la empresa finlandesa.


