Un juez federal prohibió este martes al presidente Donald Trump avanzar con la construcción del lujoso y controvertido salón de baile con capacidad para unas 600 personas en el Ala Este de la Casa Blanca y dijo que la obra debe contar con la autorización del Congreso.
«El Presidente de los Estados Unidos es el administrador de la Casa Blanca para las futuras generaciones de Primeras Familias. ¡Sin embargo, él no es el dueño!», señaló el juez Richard Leon en un escrito de 35 páginas.
La decisión es el primer revés significativo para los esfuerzos del presidente por rediseñar la Casa Blanca con su sello personal.
El juez, nombrado en su cargo por el ex presidente George W Bush, dijo que retrasaría la implementación de su fallo durante dos semanas para una posible apelación. Pero advirtió que «cualquier construcción sobre el suelo durante los próximos catorce días que no cumpla» con su sentencia «corre el riesgo de ser retirada».
«¡A menos que el Congreso bendiga este proyecto mediante autorización legal, la construcción debe detenerse!», escribió Leon, añadiendo que la «buena noticia» es que Trump y el Congreso pueden trabajar para autorizar el proyecto.
«El Presidente puede en cualquier momento acudir al Congreso para obtener autoridad expresa para construir un salón de baile y hacerlo con fondos privados. De hecho, el Congreso incluso podría elegir asignar fondos para el salón de baile, o al menos decidir que algún otro esquema de financiación es aceptable», añadió Leon.
«De cualquier manera, el Congreso conservará así su autoridad sobre la propiedad nacional y su supervisión sobre el gasto del Gobierno», escribió el juez. «Y el pueblo estadounidense se beneficiará de que las ramas del Gobierno ejerzan sus funciones constitucionalmente prescritas. ¡No está mal el resultado!»
La decisión sugiere que el juez Leon avala la demanda del National Trust for Historic Preservation, una organización sin ánimo de lucro creada por el Congreso para proteger los edificios históricos de Estados Unidos, que había criticado el proyecto.
Sin criticar personalmente al juez, Trump reaccionó al fallo en su red social: “El National Trust for Historic Preservation me demanda por un salón de baile que está dentro del presupuesto, adelantado a lo previsto, que se está construyendo sin costo para el contribuyente, y que será el mejor edificio de su tipo en cualquier parte del mundo”, señaló y criticó que esa organización no se enfoque en otras construcciones como el edificio de la Reserva Federal, entre otros.
Trump inició la construcción de un gran salón de baile permanente para reemplazar las carpas temporales que hoy se usan para eventos oficiales, una obra financiada con donaciones privadas y que aparentemente costará unos 400 millones de dólares.
Unas dos docenas de empresas tecnológicas, de criptomonedas y de defensa aportaron dinero para financiar la construcción. Un informe del grupo Public Citizen encontró que dos tercios de los donantes corporativos identificados públicamente habían recibido contratos gubernamentales, valorados colectivamente en más de 275.000 millones de dólares.
El presidente presenta al salón como una mejora funcional y estética para recepciones, alineada con necesidades logísticas modernas, pero tiene su sello inconfundible con columnas griegas y ornamentos dorados.
Pero la iniciativa despertó un fuerte rechazo entre arquitectos, historiadores y expertos en preservación, que advierten que una ampliación de ese tipo altera el equilibrio arquitectónico de la residencia presidencial, un símbolo nacional cuidadosamente intervenido a lo largo de los años.
Días atrás arquitectos consultados por The New York Times analizaron además varios errores como que la inmensa escalinata de ingreso no conducía a la entrada principal y otros detalles sorprendentes. El artículo comienza con un dibujo interactivo que señala lo que los arquitectos consideran numerosos fallos de diseño.
Advierten sobre «ventanas falsas en el lado norte», columnas que «bloquean la vista interior del salón de baile» y una zona de azotea «innecesariamente grande». También que “el pórtico es demasiado grande, sus escaleras no llevan a ninguna parte, sus columnas bloquearán las vistas desde el interior del salón de baile», decía el artículo.
Al día siguiente de publicada esa nota, Trump mostró casualmente a los periodistas a bordo del Air Force One una nueva ilustración del proyecto. «Acabamos de recibir esto de los arquitectos», dijo el presidente, mientras mostraba el diseño. Mágicamente la inmensa escalera que no conducía a ninguna parte había sido eliminada.




