La estadística no es favorable para San Lorenzo en las visitas a territorio brasilero, donde apenas ganó en tres de las 32 excursiones. No festeja desde 2017, ante Athletico Paranaense, pero el empate 2 a 2 con Santos no solo salvaguardó el primer puesto en el Grupo D de la Copa Sudamericana: con una fecha por jugarse, el próximo martes, ganar la zona dependerá de sus propias fuerzas. No es un premio menor el que cosechó en Vila Belmiro: remontó dos goles de diferencia y ser el puntero al final del recorrido tiene una recompensa, porque solamente el primero se clasificará de modo directo a los octavos de final. El Ciclón reaccionó con energía ante la adversidad del resultado y del juego, se recompuso de un primer tiempo en el que le faltó imaginación y desató un festejo y hundió al Peixe, que no contó con Neymar y fue reprobado por sus hinchas.
Cuando el árbitro marcó en el segundo tiempo la detención del juego para ensayar la pausa de rehidratación, el entrenador de San Lorenzo, Gustavo Álvarez, primero pidió silencio, después preguntó si algún futbolista estaba cansado y recién ahí hizo el diagnóstico. “Estamos manejando la pelota, pero necesitamos más lucidez en tres cuartos”, apuntó el director técnico. El juvenil Facundo Gulli se ataba los cordones del botín y era uno de los que futbolistas que debía encenderse para que los azulgranas se ilusionaran. Tomó el mensaje y cuando el cronómetro apremiaba, filtró una pelota para el goleador Rodrigo Auzmendi, que definió de derecha, cruzado, y estampó el 2 a 2.
Antes, el uruguayo Mathías De Ritis, de cabeza, tras un centro de Nicolás Tripichio, que no logró despejar el zaguero argentino Adonis Frías, recortó la ventaja en el marcador. Restaban 25 minutos y el tanto del charrúa resultó una inyección de ánimo para un equipo que jugó de menor a mayor, que cometió desatenciones, se enredó, pero que tuvo el coraje para recuperarse. Con fútbol, sacrificio, entrega. Repitiendo muchos capítulos de su historia, donde de la frustración y el desasosiego el Ciclón pasó a la euforia y la ilusión.
El Ciclón llegaba a la cita con la decepción de la eliminación con River, en los cuartos de final del Apertura, y ante un rival que estaba acorralado: Santos no ganó en la actual aventura y no se impone en su estadio en un partido de un torneo internacional desde hace cuatro años. El Peixe vivió una revolución en las últimas horas con la convocatoria de Neymar para jugar el Mundial 2026. La citación de Carlo Ancelotti provocó una fiesta en las calles de Brasil: el ídolo popular jugará su cuarta Copa del Mundo. Pero no estuvo en el campo de juego para rescatar a su equipo: un edema en el gemelo –molestia que sufrió en la derrota con Coritiba-, la razón por la que el N°10 y capitán no estuvo disponible para el entrenador Cuca. Acompañó desde un palco, desde donde gozó y se retiró con angustia. La Sudamericana se hizo cuesta arriba y ahora necesitará de un triunfo sobre Deportivo Cuenca (Ecuador) y que San Lorenzo no pierda.
El Peixe descargó con rapidez su poder de fuego: en 55 segundos combinaron el boliviano Miguel Terceros con Gabigol, que habilitó a Gabriel Bontempo; libre de marca y con cierto suspenso -definió con el pie derecho, pero la pelota cruzó la línea después de rebotar en la pierna izquierda- derrotó a Orlando Gill. Santos pudo aumentar con un tiro libre que ejecutó Álvaro Barreal, argentino que se forjó en Vélez y se marchó en 2020 a la Major League Soccer; el año pasado recaló en Santos, tras un paso por Cruzeiro. San Lorenzo se enredaba ante un equipo que con poco lo lastimó mucho en el primer tiempo: con un tiro libre, Gabigol sacó provecho de una barrera que se desarmó y le abrió el camino para aumentar.
El desconcierto envolvió a San Lorenzo, que a pesar de sus errores abrió grietas. Faltaba determinación para no desperdiciar ataques prometedores y puntería en los remates de media distancia. El que no se desesperó fue el entrenador: aguantó con los mismos nombres que eligió para salir a jugar hasta que el Ciclón marcó el descuento; ahí movió las piezas con el ingreso de Rodríguez Pagano en lugar de De Ritis, con la intención de darle más presencia ofensiva al equipo.
Finalizado el partido, Álvarez sufrió una agresión camino a la rueda de medios y no se calló. “Para venir a sala de conferencia hay que pasar por el medio de la torcida del rival. Me expuse a un golpe en la cabeza y a insultos. No es una crítica a nadie simplemente lo digo para que se tomen las medidas“, exclamó el entrenador. Los equipos argentinos, como sus hinchas, padecieron en múltiples oportunidades la violencia de los simpatizantes rivales y, en particular, de la policía, en sus visitas a Brasil. Dos años atrás, las fuerzas de seguridad apalearon a seguidores del Ciclón en la visita a Atlético Mineiro.
San Lorenzo observó que el rival no tenía la misma resistencia, juego ni vigor. Y fue por la patriada, porque en el descuento tuvo una última oportunidad para hacer historia y sellar la clasificación. El martes, en el Nuevo Gasómetro, con sus hinchas, el espacio y el momento para redondear la tarea y esperar a después del Mundial para seguir soñando.



