Carlo Ancelotti parece hacer equilibrio en un terreno muy inestable. Su impecable legajo personal debería eximirlo de cualquier señalamiento. Sin embargo su estatus como el primer entrenador no brasileño que dirige a la Verdeamarela lanzó sobre él algunas miradas desconfiadas. Neymar fue un símbolo de la tensión que sobrelleva el reputado entrenador italiano. Nunca lo convocó desde que llegó al seleccionado, en mayo de 2025, pero a la hora de dar la lista, lo incluyó y desató una ola de alegría en el pueblo futbolero carioca.
Lo hizo incluso cuando sabía que estaba lesioando y sus prestaciones no iban a resultar inmediatas. Ahora, el cuerpo técnico y el cuerpo médico parece haber llegado a un acuerdo para que el jugador no tome riesgos innecesarios. En el mejor de los casos, se lo esperaría para los 16avos de final.
El “Asunto Ney” se intensificó en las últimas horas tras el empate en el debut con Marruecos (1-1 en el MetLife de Nueva York). El primer gran problema que asume Ancelotti es que debe satisfacer una línea histórica del fútbol brasileño, ofensivo, de fantasía… cuando las raíces que cimentaron el árbol genealógico de su trayectoria como DT tienen un fuerte arraigo en el estilo defensivo italiano.
La formación desequilibrada (un 4-2-4) con cuatro futbolistas no muy propensos a la marca, derivaron en un desastroso primer tiempo con el equipo africano, que lo puso al borde del KO. Para la segunda mitad, ordenó la mitad de la cancha. Hizo ingresar a Fabinho por Casemiro y llevó a Bruno Guimaraes y a Paquetá a posiciones más conservadoras en el centro del campo. Equilibrio.
Claro que para poder hacer eso, se vio favorecido por la inspiración genial de Vinicius, que logró el empate cuando en la representación moral de lo que pasaba en la cancha su equipo podía estar abajo en el marcador por tres goles.
Si Brasil no lograba el empate antes del descanso, las posibilidades de efectuar cambios defensivos hubieran disminuido mucho. Es curioso, pero en su espíritu ese es el razonamiento. Seguridad detrás, para luego lanzarse en busca del gol.
El problema es que dirige a la selección de Brasil. Esa idea futbolística no representa a su gente. La impaciencia se dispara muy temprano cuando el equipo pasa varios minutos sin patear al arco. Y allí, otra vez, el rostro que aparece como un obstáculo en su camino es el de Neymar.
Aunque ya no es el mismo de antes, aunque difícilmente pueda recuperar el nivel que lo tenía entre los mejores futbolistas del mundo, la esperanza es una condición que no suele llevarse bien con la realidad.
El hincha ve en Neymar la ilusión que el resto del plantel no le ofrece por ahora. Y la prensa empuja, claro.
Ayer Neymar fue sometido una vez más a estudios para revisar cómo evoluciona de lo que los informes médicos de Brasil consideran una “distensión de grado 2″. Los eufemismos no alcanzan para borrar la idea de que el jugador de Santos está desgarrado.
Aunque el resultado de los estudios no fue dado a conocer, sí se filtró la información de que Neymar no estará en el match ante Haití, del viernes próximo en el Lincoln Financial Field, de Filadelfia. Y muy probablemente tampoco esté en el cierre del Grupo C, contra Escocia, el miércoles 24 de junio, en el Hard Rock, de Miami.
El diario O’Globo indicó que la estrella continúa con un entrenamiento totalmente diferenciado de sus compañeros. Un plan individual que le permitiría sumar minutos recién el 1° de julio, en los 16avos de final, en Houston (siempre que Brasil cumpla con su favoritismo y gane el Grupo C).
El principal problema para eso es que Neymar no suma ni tan siquiera un entrenamiento con el nuevo entreandor. Y más: el máximo goleador histórico de Brasil, con 79 tantos en 128 partidos internacionales, no disputa un encuentro con la selección desde que sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior en octubre de 2023.
La influencia de Ney en el plantel es innegable. Para muchos futbolistas es un ídolo. Fabinho, por ejemplo, había comentado ayer: “Es importante tenerlo aquí con nosotros: es el líder del grupo. Realmente no vemos su trabajo de recuperación, eso es algo que hacer mayormente por su cuenta con los preparadores físicos, pero el ambiente es bueno. Esperamos que se recupere pronto”.
El deseo se cumplió… en partes. Neymar practicó este martes por primera vez junto con sus compañeros, aunque siguió haciéndolo lejos de sus compañeros y sin involucrar ejercicios exigentes o con pelota.
“Tiene experiencia en este tipo de competencia, el cariño de nuestro equipo, puede crear un mejor ambiente en este grupo”, reconoce Ancelotti.
La otra mirada
A un costado del camino futbolístico de Brasil, los sponsors ejercen otro tipo de presión sobre la presencia de Neymar en la cancha. En una entrevista con la agencia AFP, René Salvia, CEO de la agencia de mercadeo deportivo Heatmap, explicó: “Neymar divide opiniones, pero es una figura muy fuerte. Es un cañón de medios”.
Neymar apenas jugó 8 de los 18 partidos con Santos en 2026, aquejado por diferentes dolencias. Con esas estadísticas y otros argumentos, el periodista Mauro Cezar Pereira escribió una columna de opinión en la que daba a entender que Ancelotti cedió ante un circo para armar un numerito de marketing».
Y no es la única presión externa en torno a su figura. En octubre serán las elecciones presidenciales en Brasil. Neymar apoyó en las anteriores elecciones a Jair Bolsonaro y ahora su nombre fue utilizado en la campaña.
Es más, Lula reveló una conversación con Ancelotti, en la que supuestamente el entrenador le preguntó si debía llevar a Neymar al Mundial. “Yo le respondí: ‘Mira, Ancelotti, si está bien físicamente, tienen la calidad’. Hay que saber si él quiere. Si quiere, tiene que ser profesional”, relató Lula. Pero le pidió que no se deje llevar sólo por el nombre.
Mientras tanto, sectores cercanos al Partido Liberal utilizaron IA para crear una imagen de Flávio Bolsonaro con Neymar, con la leyenda: “Flávio es Neymar, Neymar es Flávio”.
En el medio de todo, se juega un Mundial. La figura de Neymar irradia una luz imposible de cubrir. Ancelotti hace equilibrio para formar un equipo que le devuelva a Brasil un trofeo que no gana desde hace 24 años. La “Bomba Neymar” debería ser un arma para lograr ese objetivo… mientras no le explote dentro de su propia casa.




