El sábado de protestas anunciado en Italia derivó en un amplio despliegue de las fuerzas de seguridad sobre Roma y Milán para vigilar las manifestaciones que resultaron acotadas y mayoritariamente pacíficas, en el marco de un fuerte operativo preventivo tras los desmanes del fin de semana pasado.
La policía había realizado decenas de registros y detenciones antes de las marchas. Según las autoridades hubo 371 demorados, entre ellos 110 menores de edad.
A pesar del fuerte dispositivo de seguridad, miles de personas se manifestaron en Roma y Milán, coreando consignas contra el gobierno y la policía.
En ese marco, la primera ministra Giorgia Meloni agradeció a las «fuerzas del orden que, también hoy en las plazas italianas, trabajaron para garantizar la seguridad de los ciudadanos y el derecho a manifestarse pacíficamente, a pesar de los intentos de ciertos individuos violentos de provocar enfrentamientos y desórdenes«.
«Mi agradecimiento también se extiende al ministro del Interior, Matteo Piantedosi, a los prefectos, a los jefes de policía y a todos aquellos que coordinaron y gestionaron las operaciones de orden público», añadió.
Y, apuntó que «el derecho a manifestarse debe estar siempre garantizado, al igual que el derecho de los ciudadanos a vivir en sus ciudades con seguridad. Las medidas aprobadas por el Consejo de Ministros en los últimos días tienen precisamente este objetivo: dotar al Estado de herramientas más eficaces para prevenir la violencia e impedir que delincuentes y alborotadores siembren el caos en nuestras ciudades».
«La seguridad debe estar garantizada para todos: para quienes desean manifestarse pacíficamente, para quienes trabajan y para quienes simplemente quieren vivir en su ciudad sin miedo. No hay lugar para quienes solo buscan la confrontación y la violencia», concluyo Meloni.
Helicópteros de vigilancia sobrevolaban la céntrica Piazza del Duomo de Milán, mientras soldados uniformados patrullaban en grupos. Cerca de allí se podían ver cinco vehículos militares y un camión hidrante.
«Manifestarse es un derecho. Tenemos que hacer oír nuestra voz», declaró a la agencia de noticias AFP en Milán Alessio Scimone, empleado de una casa de apuestas, de 24 años.
Unas 3.000 personas marcharon por Milán, paralizando el tránsito en el centro de la ciudad. En Roma, una cantidad similar se concentró en zonas cercanas al Coliseo y a la estación central de trenes, frente a filas de policías equipados para el control de disturbios.
En Milán, algunos comercios cerraron antes de lo previsto y otros tapiaron sus ventanas tras los episodios de saqueos registrados el fin de semana pasado en la capital italiana de la moda.
Otros negocios permanecieron abiertos, desafiando la situación, después de que el alcalde de la ciudad, Giuseppe Sala, pidió que no cundiera el «pánico».
La policía informó de la detención de nueve personas y de la retención temporal de otras 371, incluidos 110 menores, que fueron trasladadas a comisarías en ocho ciudades.
Tras los enfrentamientos del fin de semana pasado en Milán, el gobierno desplegó a 500 soldados en la ciudad y aprobó un decreto que flexibiliza las normas de detención de menores e impone multas a sus padres por los daños que estos causen durante las manifestaciones.


