En una inédita carrera de automóviles por las calles de Washington, Donald Trump dio este domingo la vuelta de honor para en una competencia de la Serie IndyCar a bordo de su propio limosina blindada, con lo que la Casa Blanca coronó las celebraciones por el 250° aniversario de la declaración de independencia de Estados Unidos, que el presidente ha centrado en su propia figura.
Las fiestas para celebrar ese acontecimiento empezaron el 14 de junio con una cartelera de artes marciales mixtas organizada en los jardines de la sede de gobierno, en coincidencia con el 80° cumpleaños de Trump, y concluyeron ayer con otro deporte muy querido por el presidente: las carreras de autos.
La competencia, bautizada como “Freedom 250 Grand Prix” comenzó el sábado con los entrenamientos y la clasificación y finalizó al día siguiente con el Gran Premio que fue ganado por el estadounidense Kyle Kirkwood, quien logró su segunda victoria y cruzó la meta frente al Capitolio con 3,09 segundos de ventaja sobre el segundo, Christian Lundgaard, después de liderar 128 de un máximo de 147 vueltas. El español Alex Palou perdió la oportunidad de obtener su quinto título y deberá esperar la próxima carrera en Wisconsin.
Según la nota de la Casa Blanca, el objetivo de la carrera era “demostrar el poder del ingenio estadounidense en ingeniería, tecnología y carreras de alto rendimiento”.
Al abrir la competencia, Trump recorrió el circuito improvisado en las calles de la capital, entre emblemáticos edificios y amplios paseos públicos, a bordo de «La Bestia» -como se conoce a su limusina blindada-, mientras el avión presidencial donado por la familia real de Qatar sobrevolaba la zona lentamente, escoltado por cuatro aviones de combate. Trump y su esposa, Melania, saludaron a los pilotos participantes en el National Mall.
“Voy a dar una vuelta en un coche bonito y seguro”, dijo Trump en una entrevista televisada con Fox antes de la carrera. “Será un poco más lento que los que veremos, pero lo pasaremos bien”.
Luego de que Trump ondeara la bandera verde, la carrera se puso en marcha. Los coches pasaron a toda velocidad junto a los espectadores en una mancha borrosa de colores brillantes que sacudió el pavimento y llenó el aire de gases de escape.
Los pilotos recorrieron las rectas de las avenidas Pennsylvania e Independence a velocidades de alrededor de 257 kilómetros por hora con el telón de fondo de monumentos emblemáticos como el obelisco del Washington Monument o la cúpula del Capitolio, sede del Congreso. Los pilotos completaron 402 kilómetros ante más de 150.000 espectadores.
La serie IndyCar es la disciplina estrella del automovilismo de velocidad en Estados Unidos, cuya carrera más famosa es las 500 Millas de Indianápolis. El evento también se transmitió por Fox Sports. Sean Duffy, el secretario de Transporte, grabó varios videos promocionales para dar publicidad al evento, repitiendo su lema patriótico: «La libertad no suena, ¡acelera!».
Incluso antes de que el primer motor hubiese rugido en la primera carrera en la historia del DC, los efectos de convertir un laberinto de museos y monumentos históricos en un circuito de IndyCar se hicieron sentir en toda la capital. Y para algunos residentes y viajeros, las interrupciones se volvieron insoportables por los ruidos, los trastornos en el tráfico y los numerosos cortes de calles.
Vallas de seguridad y gradas se instalaron a lo largo de varias arterias del centro de Washington, una obra efímera que se suma a los numerosos trabajos de renovación o construcción emprendidos en la ciudad por Trump.
El mandatario se situó en el centro de los actos organizados para conmemorar la firma de la Declaración de Independencia, el 4 de julio de 1776 en Filadelfia, que marcó la ruptura de 13 colonias con la Corona británica.
En un país profundamente dividido, el republicano nunca ha intentado realmente unir a la población en torno a un relato patriótico común. Un ejemplo ocurrió el 3 de julio, víspera de la fiesta nacional, cuando Trump afirmó al pie del emblemático Monte Rushmore que la identidad estadounidense estaba sufriendo una “nueva ofensiva” proveniente de “radicales y extremistas”, epítetos dedicados a algunos opositores.
El antiguo promotor inmobiliario colocó en primera línea sus gustos personales, por ejemplo con el torneo de artes marciales, buscando una demostración de fuerza más que de emoción o idealismo.
Aficionado a los superlativos, Trump se jactó también de haber lanzado, el 4 de julio, “el mayor espectáculo de fuegos artificiales del mundo”: 850.000 cohetes durante 40 minutos.


