Las instituciones europeas cambian radicalmente la forma en la que tratan al ganado del continente. Durante décadas, la Unión Europea miraba hacia el sector ganadero sobre todo con los lentes de la crisis climática. Se llegó a hablar de sacrificar millones de cabezas de ganado para reducir emisiones contaminantes. Los tribunales obligaron al gobierno holandés a comprar producciones ganaderas para cerrarlas y en Irlanda el Ejecutivo llegó a considerar necesario matar 200.000 vacas para cumplir sus objetivos climáticos.
Los tiempos han cambiado. Los partidos políticos menos preocupados por la crisis climática están al mando (también algunos que la niegan, la mayoría de extrema derecha) y el bloque, además, da cada vez más importancia a su autonomía estratégica. Las vacas, los cerdos y los pollos pasan de ser enemigos del clima a fuentes de proteínas europeas, que no hay que importar.
La apuesta ahora es por expandir el negocio ganadero. La Comisión Europea lanza una estrategia para reforzar el sector y recuerda que sostiene siete millones de empleos en el continente, supone el 40% del valor añadido de todo el sector primario europeo y genera 400.000 millones de euros al año. Además, la estrategia le debe servir para fijar población en zonas rurales que la están perdiendo rápidamente.
El acuerdo europeo con el Mercosur, como otros, tiene cuotas asignadas que el bloque sudamericano podrá seguir exportando a Europa. Pero el fomento de la ganadería propia, de la mano de campañas para que la población sostenga esa autonomía estratégica (“Compre europeo”) aumenta la competencia contra los productores externos, como los de Mercosur.
Europa es un potente exportador de carnes. El año pasado exportó productos de origen animal por valor de 53.000 millones de euros cuando sólo importó por valor de 16.000 millones. El fomento de la ganadería europea, que ya recibe fondos de la Política Agrícola Común, hará que sea un competidor más potente en terceros mercados, donde los productos europeos compiten con los de Mercosur.
La Estrategia de la Unión Europea para la Ganadería es una especie de hoja de ruta a medio y largo plazo para reforzar al sector haciéndolo más resiliente, más competitivo y más sostenible. Bruselas entiende que es un sector esencial tanto para la seguridad alimentaria como para la economía y el desarrollo de regiones rurales.
El informe hace un diagnóstico de la situación del sector y de sus problemas, como la volatilidad de los precios en los mercados mayoristas, la crisis climática, el aumento de los costes de producción, las enfermedades animales y la dependencia de piensos importados ricos en proteínas.
Y establece cinco prioridades para los próximos años. La primera es reforzar al sector para que resista mejor las crisis, dándole por ejemplo más fondos para prevenir y controlar enfermedades animales, digitalizando explotaciones y mejorando su adaptación a la crisis climática.
La segunda es mejorar la competitividad del sector, financiando inversiones en sostenibilidad y bienestar animal e impulsando la promoción internacional de los productos ganaderos europeos.
La tercera busca reducir la huella ambiental a pesar de que pretende aumentar la cabaña ganadera europea. Va a haber revisiones de la normativa sobre bienestar animal, para flexibilizarla.
La cuarta ayudará a ganaderos en zonas rurales y remotas para que tengan mejores accesos a mataderos y no abandonen sus tierras. La quinta y última fomentará que los ciudadanos detecten fácilmente los productos europeos, para empujarlos hacia ellos, mediante sistemas de etiquetado especiales que reconozcan su origen.
A la vez, hay que alimentar a ese ganado reduciendo las importaciones de su nutrición. Por eso se aprueba también un Plan de Acción de Proteínas, para aumentar la producción europea de oleaginosas y cultivos proteicos. Eso, estima Bruselas, reforzará la autonomía del bloque pues lo hará menos dependiente de importaciones.


